Capítulo 337
Levanté la vista sin pensarlo y vi entrar a un hombre alto, de cara atractiva y actitud arrogante.
Era Waylon.
Traía a dos mujeres exuberantes agarradas de los brazos y un grupo de guardaespaldas detrás.
—Vaya, ¿hay drama por aquí? Mira cómo llora esa belleza...ay... hasta da pena —dijo, burlándose al ver a Camila.
Camila se secó las lágrimas rápido:
—Señor Dupuis, por favor, no se burle de mí.
—Jajaja, qué voz tan dulce... esta belleza sí que antoja —siguió él, dejándose caer en una silla, con una de las mujeres en brazos.
Aun así, sus ojos seguían clavados en Camila, como si quisiera comérsela con la mirada.
Y Camila, lejos de sentirse incómoda, parecía contenta. Tenía un aire de orgullo, como si disfrutar de la atención de Waylon fuera algo que debía presumir.
Bajé la vista sin darle importancia.
Sabía que Mateo no dejaría que le pasara algo de verdad.
—¡Vaya! Aquí hay otra belleza —dijo de pronto Waylon.
Justo cuando pensaba que estaba fuera de su radar, me lanzó una mirada.
Levanté la vista despacio y le hablé, una sonrisa educada:
—Señor Dupuis, un gusto conocerlo.
No entendí por qué, pero al verme, pareció molestarse.
Mi corazón dio un salto.
Solo lo saludé con respeto. ¿Dije algo que no debía?
Waylon se recargó en el respaldo y su expresión cambió. Ya no parecía relajado. Me miraba como un halcón que analiza su presa.
Esa mirada me hizo sentir inquieta.
Los hombres con esa clase de mirada siempre me
dan miedo.
Como Waylon... o como Mateо.
Pero, ¿por qué me miraba así?
Ese tipo apenas hizo una broma y él ya estaba al ataque.
Waylon volvió a reírse:
—Vamos, Mateo, no exageres. Vine a hablar en serio, claro. Solo que no esperaba que fueras tan generoso, no solo me trajiste a esta angelita, también trajiste a tu exesposa.
Me quedé paralizada.
Así que por eso me miraba tanto... ¡ya sabía quién era yo!
Sabía que había sido esposa de Mateo.
Eso quería decir que, aunque Waylon fuera poderoso en Zuheral, había investigado muy bien a Mateo. Tal vez incluso lo veía como un rival.
—Fue ella la que quiso venir —murmuró Camila.
—¿Ah, si? ¿Ella lo pidió? —Waylon sonrió con mala
intención. Luego se giró hacia mí y dijo:
—Y tú, Aurora, ¿no te da miedo que me encapriche contigo? ¿No te da miedo que te quiera sacar de esta cena como mi esposa?
—¡Waylon! —lo interrumpió Mateo, fuerte y claro.

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