Capítulo 335
Me fui hacia adelante por el frenazo y le pregunté, molesta:
—¿Qué haces?
Alan sonrió, sorprendido:
—Nada... solo que tus palabras me dejaron pasmado. Dios santo, Aurora, tienes una imaginación...
—¿Acaso me equivoqué?
—Pues, en pocas palabras, sí, por completo. Ya lo verás, Mateo no va a casarse con Camila. Y si no se casan, no va a haber ese momento especial de la noche de bodas ni nada de eso.
Lo dijo con una seguridad que casi parecía absoluta.
Pero por más seguridad que tuviera, él no podía hablar por los verdaderos sentimientos de Mateo.
Cada mente es un mundo. Él no era Mateo.
Así que, por mucho que creyera saber, no podía
representar lo que realmente pensaba Mateo.
Me reí con incredulidad:
—No hace falta que me consueles. En realidad...
—No te estoy consolando —me interrumpió Alan.
—Te estoy diciendo la verdad. Él no va a casarse con Camila, porque él...
Se detuvo en seco a mitad de la frase.
Yo quedé intrigada:
—¿Porque él qué?
——Ay, nada, nada... eso no puedo decirlo. Me pidió que no lo dijera. Así que no insistas. Aurora, créeme y ya.
Miré por la ventana.
¿Confiar en él?
Él era del bando de Mateo, ¿cómo iba a creer en sus palabras?
La cena era en un hotel internacional.
No quedaba lejos, apenas unos diez kilómetros, pero por el tráfico nos tardamos media hora en llegar.
Cuando llegamos, eran las seis y media. La sala privada aún estaba vacía.
Alan me dijo que me sentara donde quisiera.
Volvió a llamar a Mateo, luego me dijo:
—Ya viene en camino.
Esa empresa no es para mí —dijo con ligereza, como si hablara de alguien más.
Pero, estoy segura de que por dentro le costó mucho hablar de eso.
Así que no insistí más.
Alan guardó el móvil y me sonrió:
—Seguro que habías oído hablar de mí antes, ¿no?
Que era un vago, un mujeriego, un inútil.
Asentí, callada.
Era cierto.
—Después de que mi padre tuvo ese hijo, me empezó a ver como una molestia. Mi madre lloraba todos los días cuando me veía, diciéndome que era un inútil, que era un bueno para nada. Luego me suplicaba que me esforzara más. Pero, que un fracasado salga adelante... no es tan fácil, ¿sabes?
Sonreía, con su típica expresión despreocupada, pero sus ojos reflejaban tristeza y una pizca de amargura.
—Ahí apareció Mateo. Me ofreció entrar en sus negocios. Al principio pensé que yo no iba a dar la talla, pero decidí intentarlo. Y funcionó. ¿Sabes qué? Ahora que mi padre me pide volver, ni loсо regreso.
Asentí y le sonreí:
—Felicitaciones, qué orgullo.
—No, no, no... —me interrumpió. —El que debería estar orgulloso es Mateo. Todos decían que solo era una cara bonita, sin talento. Pero no vieron su carácter, su visión, su inteligencia. Él es brillante.

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