Capítulo 282
Nunca pensé que fuera tan buena persona como para comprarle el medicamento y llevarlo, toda preocupada por que él esté bien.
Dios mío, Aurora, ¿te volviste loса?
Ya no quiero nada con Mateo.
Aunque esté enfermo y tenga un dolor terrible, no quiero preocuparme más de la cuenta.
Tiré el medicamento a la basura, saqué mi silla y seguí trabajando.
Al mediodía, al salir del trabajo, Mateo y Camila salieron juntos de la oficina del presidente.
Camila me lanzó una mirada, luego le preguntó a Mateo:
—Mateo, ¿a dónde vamos a comer hoy? Mira que la señorita Aurora está delgada y pálida estos días, ¿por qué no la invitas a que venga con nosotros?
Qué fastidio, Camila otra vez buscando problemas.
Miré a Lucy, que estaba guardando su bolso, y le dije:
—Espera un momento, voy contigo a la cafetería.
Lucy se sorprendió un poco, miró hacia donde estaba Mateo, y me sonrió sorprendida:
—¿Tú también vas a la cafetería?
—Sí, vamos directo a la cafetería. Así después de comer podremos descansar un rato, qué bien.
Dicho esto, saqué el teléfono y tomé del brazo a Lucy para salir.
Sentí varias miradas de odio fijas en mí, pero las ignoré y salí riendo con Lucy.
Cuando salimos del departamento de secretarias y entramos al ascensor, Lucy relajó su espalda tensa y me susurró:
—En realidad yo iba a invitarte a comer con nosotros, pero escuché a Camila decirle al señor Bernard que te llevaría a comer afuera, así que no me animé a invitarte.
Pero dime, ¿por qué no sales con ellos a comer algo bueno?
—¿Comer estando ahí de mal tercio? ¿Crees que es buena idea?
Lucy sonrió, incómoda:
—Pues, sí es un poco raro... Pero el señor Bernard parecía muy molesto. Hoy tenía una mirada asesina, cuando me vio, sentí ganas de salir corriendo.
Me reí:
—Él siempre está así, no es nada nuevo.
—No es de que se me haya ocurrido algo o no, si no funciona, pues se acaba.
—Ay, Aurora, no te hagas la misteriosa.
Lucy me respondió, con una sonrisa pícara:
—Dicen que fue el señor Bernard el que te dejó cuando se hizo rico. No debería darte pena admitirlo. Alguien como él puede dejar a cualquiera, hasta a una diosa. Mejor di que él te dejó, yo no me voy a burlar de ti.
—Ajá, ajá.
Respondí sin ganas.
No había de otra, para ellos Mateo era un dios.
Lucy agregó:
—Pero, cuando te quiso dejar, ¿por qué no pediste una compensación? Mira que es rico, mínimo deberías haber sacado unos cuantos millones para divorciarte con dignidad. Ahora tienes que trabajar duro y vivir dependiendo de él, qué humillante. Si fuera yo, no me iría sin unos cuantos millones, por lo menos. Hay que ser boba para salir sin nada.
Me reí y respondí medio en serio, medio en broma:
—Sí, tienes toda la razón, ahora me arrepiento de no haberle pedido unos millones.
—¿Ah sí? ¿Te arrepientes?

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