Al ver que la cara del hombre frente a él volvía a ensombrecerse, Henry no pudo evitar comentar:
—Hoy estás raro… ¿de verdad te pasó algo?
Waylon no respondió. Solo apretó con fuerza la copa en su mano; su expresión sombría resultaba inquietante.
Henry se reclinó y soltó una risa ligera.
—En realidad, esa pregunta tuya está de más. ¿Acaso no te conozco? Eres egoísta, estrecho de mente, cambiante, agresivo y frío…
Waylon le lanzó una mirada de reojo, con un toque de fastidio.
Henry continuó:
—Así que, con tu carácter, seguro que irías a recuperarla. Deja de fingir con esas preguntas, es demasiado falso.
Waylon soltó una risa irritada.
—Vaya, sí que crees conocerme bien.
—Claro. A otros no tanto, pero a ti sí —dijo Henry, mientras volvía a llenarle la copa.
Pero Waylon dejó escapar una risa burlona.
Esta vez, sí se había equivocado.
Él no iría a buscarla.
Y ese tipo de preguntas… no las volvería a hacer.
No tenía sentido.
Ni siquiera sabía si volvería a ver a esa mujer. Y, aun si la veía, ¿qué importaba?
Waylon no iba a rebajarse a pelear con otro hombre por una mujer tan común.
Ja… ¿Acaso le faltaban mujeres?
Qué absurdo.
Al ver que una sonrisa extraña volvía a aparecer en la cara del hombre frente a él, Henry arrugó la frente, pensando que su locura había regresado. No preguntó nada más y se limitó a seguir bebiendo con él.

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