“Darío” siguió diciendo:
—Si no, ¿cómo crees que se habla de lo grande y desinteresado que es el señor Felipe? Por el bien de la familia Morales, ha tenido que vivir separado de su esposa, incluso si eso provoca una relación matrimonial tensa.
Lo escuché y por dentro sentí un profundo desprecio.
¿Desinteresado y grandioso? ¿Que cuida la fortuna de la familia Morales por el señor Franco y el señor Augusto? Qué hipocresía tan descarada.
Eso de que su esposa y hijo vivían en el extranjero… más bien parecía que temía que sus enemigos los capturaran como rehenes, así que los había trasladado lejos desde hacía tiempo para mantenerlos a salvo.
Cuando lograra apoderarse completamente de la fortuna de la familia Morales y se convirtiera en el verdadero líder, ya veríamos si los traería de vuelta.
Ante mi mirada de desprecio, Mateo pareció adivinar lo que estaba pensado, y en la comisura de sus labios se dibujó una sonrisa casi imperceptible.
Al entrar en la sala, vi de inmediato al señor Felipe sentado en el sofá, jugando con un rosario de madera de agar en una mano, mientras en la otra sostenía un puro.
Al vernos entrar a mí y a “Darío”, soltó una risa.
—Vaya, tú también viniste. ¿Qué pasa? ¿Temes que le haga algo a tu tesorito?
—Ay, señor Felipe, qué cosas dice —respondió “Darío”, golpeándose exageradamente el muslo, con una expresión ansiosa—. Vine preocupado por sus asuntos importantes. Si no fuera porque usted la citó, ni me molestaría en acompañar a esta mujer.
Al verlo tan apresurado en explicarse, el señor Felipe no pareció sospechar nada.
Solo agitó la mano con una sonrisa.
—Está bien, que hayas venido no importa. Pero lo de anoche, en la fiesta de té en casa de Ricardo, me lo comentó un poco la pequeña Renata. Volvió bastante molesta y se quejó largo rato, diciendo que la contradijiste y la intimidaste.
“Darío” abrió la boca, dispuesto a explicarse.
Pero el señor Felipe continuó:
—Lo sé, los jóvenes suelen hablar sin rodeos, es normal. Pero también hay que saber medir las palabras. Ella es mi única hija, ha sido consentida desde pequeña, es inevitable. Tú, siendo tan tosco, deberías tener más cuidado delante de ella.

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