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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 2013

Desde la entrada, avanzó lentamente una fila de doncellas uniformadas. Cada una llevaba un ramillete de florescon el que adornaban sus pasos ligeros. Detrás de ellas apareció la protagonista de la noche: la señorita Renata.

Lucía un vestido corte sirena de un rojo intenso, bordado con diminutos rubíes que centelleaban con cada movimiento, como si el fuego mismo envolviera la tela. El escote recto dejaba al descubierto su cuello esbelto y blanco; y al centro reposaba un collar de rubí color rojo sangre con un colgante, a juego con los pendientes que adornaban sus orejas.

Su cabello estaba recogido en un elaborado moño, atravesado por una horquilla de oro rojo con incrustaciones que se balanceaba con cada movimiento. El maquillaje era impecable: las cejas a la perfección, un delineado que le daba un aire de arrogancia perezosa, y los labios pintados del mismo rojo encendido que su vestido, lo que resaltaba aún más la blancura de su piel.

A su lado caminaban dos guardaespaldas de traje negro; y detrás, cuatro doncellas portaban su chal, su bolso y sus estuches de joyas. El despliegue era imponente.

No subió de inmediato a la tarima; se detuvo y paseó la mirada por el jardín con calma. No necesitaba exagerar su presencia, porque su porte noble parecía innato. Los invitados, casi sin darse cuenta, bajaron la voz y hasta la respiración. Algunos patriarcas de las familias influyentes se acercaron a saludarla.

—Gracias por acompañarnos —respondió Renata, asintiendo con una sonrisa muy discreta. Los parlantes amplificaron su voz tranquila por todo el jardín. Incluso una frase tan simple destilaba elegancia, acorde con el lujo que la rodeaba.

—¿Esa es la señorita Renata? No exageraba.

—Con razón el señor Felipe la adora. Esa presencia, esa belleza… ninguna puede compararse.

Y era cierto: su belleza no era menor que la de Alma. La primera vez que vi a Alma, me pareció deslumbrante y dominante, una belleza ardiente y directa. Renata, en cambio, poseía una belleza más pulcra, impregnada de nobleza y arrogancia. Con solo mirarla, uno sentía que era inalcanzable. La familia Morales tenía buena genética: los hombres eran apuestos y las mujeres, muy preciosas.

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