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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1997

No supe si fue porque ya habíamos terminado de hablar de lo importante, pero de repente noté su mirada demasiado concentrada entre el vapor, que parecía arder cuando, sin querer o no, viraba hacia mis pechos.

Me sonrojé automáticamente.

Mateo, por lo general, siempre se veía serio y correcto, pero cuando estaba a solas conmigo… ¿por qué siempre le costaba tanto contenerse? De hecho, durante el día ya había notado que se había quedado con ganas, y ahora, seguramente tenía ganas otra vez.

Pero no hizo nada; solo me revolvió el cabello mojado y me sonrió.

—Fuiste y volviste, y además te llevaste un susto… debes estar cansada —me dijo—. Date una ducha y acuéstate temprano.

Después de decir eso, me dio la espalda y, sin más, se quitó la ropa para quedarse bajo la regadera. Yo me mordí el labio, avergonzada, queriendo decirle que en realidad no estaba nada cansada; pero cuando las palabras estaban por salir, se me atascaron, y al final no dije ni una sola.

Él terminó de ducharse muy rápido y se envolvió la cintura con una toalla. Luego volteó; me miró de arriba abajo por un instante y enseguida miró a otro lado. Con voz ronca, me ordenó:

—Estás empapada. Quítate eso, date una ducha caliente y luego ve a dormir.

Bajé la mirada para verme. Con razón se le había vuelto a despertar el deseo de golpe. En ese momento, la ropa se me había pegado por completo al cuerpo, y se me veía… demasiado.

—Cuidado con el agua en el piso, no te vayas a resbalar. Yo salgo y te espero afuera —me advirtió Mateo con cariño, y caminó hacia la puerta.

Sentí un dolor en el pecho y, sin pensarlo, le tomé la mano. Mateo se quedó quieto un segundo y volteó a mirarme.

—¿Qué pasa? —me preguntó.

Con las mejillas ardiendo, le contesté:

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