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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1941

—Además, ya eres mía. Ese hombre ni siquiera es seguro que vaya a quererte. Así que de ahora en adelante compórtate y quédate conmigo; deja de pensar en tonterías inútiles.

No le respondí ni me moví. Solo dejé salir un llanto reprimido y lleno de amargura. Darío volvió a hablar:

—Ya está, ya está. Si quieres llorar, llora todo lo que quieras. Yo voy a dormir.

Dicho eso, se acomodó en la cama, exagerando los movimientos a propósito para que la cama golpeara la pared con el ruido justo, el sonido perfecto para que el micrófono lo captara. Lo miré de reojo mientras seguía sollozando de forma ahogada. Él también me miraba. Nuestros ojos se encontraron y ninguno dijo nada más. Pero su mirada era claramente más intensa y compleja que antes; algo había cambiado.

Apreté los dientes y, lentamente, tomé el papel y el bolígrafo; los coloqué delante de él. Aún quería darle una última oportunidad, ver si era capaz de admitir que en realidad era Mateo.

Su mirada pasó por encima del papel y el bolígrafo. Luego tomó el bolígrafo y escribió:

"No te enfades más. Descansa un poco. En cuanto a lo de la muerte falsa, cuando lo tenga todo arreglado, te lo explicaré con calma."

En cuanto vi "muerte falsa", la rabia me invadió otra vez. Pasara lo que pasara, seguía empeñado en enviarme lejos. Lo fulminé con la mirada y me di vuelta, negándome a seguir prestándole atención.

Pasó bastante tiempo sin que se oyera ningún movimiento detrás de mí. Entonces me enojé y no pude evitar voltear hacia él; al instante choqué de frente con su mirada penetrante.

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