Entrar Via

Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1926

Luego se escuchó la voz fuerte y característica de Darío a través de la puerta:

—Perra, ¿por qué tanta demora bañándote? Todos están esperando para verte. ¡Sal de una vez!

Me quedé intrigada. Hacía un momento, cuando los guardaespaldas querían verme, Darío los había detenido; sin embargo, ahora era él el que me presionaba para salir. Seguramente lo hacía por exigencia de ese viejo degenerado. A los guardaespaldas todavía podía controlarlos, pero con el señor Felipe, que era tan astuto y desconfiado, no iba a ser tan fácil engañarlo. Como era de esperarse, la voz hipócritamente amable del señor Felipe volvió a sonar afuera:

—Eh, si se está bañando, entonces déjala. No hace falta presionarla. Vine principalmente a ver cómo se llevan ustedes dos, a ver si la muchacha se adapta bien aquí. Y dime, Darío, ahora que la muchacha es tuya, no la trates con rudeza. Tómatelo con calma, no vaya a ser que la asustes y se te escape.

Me invadió la amargura, aunque también daba algo de risa. Ese viejo astuto siempre sabía decir palabras bonitas, pero si vino en persona, era obvio que quería verme con sus propios ojos para comprobar si podía detectar alguna mentira. Tal como esperaba, el hombre volvió a hablar:

—Bueno, no le metas prisa. Esperemos a que termine de bañarse y luego hablamos.

—¿Cómo que no presionarla? —respondió Darío con una voz muy ruda—. ¿Qué estatus tiene ella? No es más que una cualquiera. ¿Cómo va a hacerlo esperar a usted? Eso sí que no está bien.

Mientras hablaba, dio otra patada a la puerta. El golpe me hizo estremecer por dentro, pero en cuanto pensé que Darío muy probablemente era Mateo, el pánico se me pasó un poco. Solo que al segundo siguiente volvió a gritarme con mucha ferocidad:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)