Aunque conmigo siempre era brusco, de verdad me trataba como a una amiga. Lo mismo hacían Waylon y la señorita Alma. Eso me convenció aún más de ayudarla a derrotar al señor Felipe. Con tal de quitarlo de en medio, ellos por fin podrían vivir tranquilos.
Me acerqué a la señorita Alma y a Henry, muy seria:
—En realidad, con Darío se está bastante bien. En esta finca su posición no es baja; mucha gente le tiene miedo. Si me quedo con él, tampoco tendré que seguir temiendo que algunos me intimiden o me persigan para matarme.
Mientras hablaba, le lancé una mirada intencionada a Jeison. Luego añadí, mirando a la señorita Alma:
—Además, aunque usted se lleve bien con el señor Felipe, no es seguro que pueda recuperarme. Y Pedro también me tiene en la mira; quiere usarme para atraer a mi marido. Así que, por más que lo piense, quedarme con Darío es lo más seguro… y tampoco la pongo a usted en una situación incómoda.
Cuando terminé, le guiñé un ojo a la señorita Alma con disimulo. La respiración de la señorita Alma se detuvo apenas un instante y, al segundo siguiente, se rio con desprecio.
—No es que sea incómodo o no. Tú no eres más que mi juguete. Si puedo recuperarte, te recupero; y si no, da igual. Pero ya que quieres seguir a Darío, entonces te concedo tu deseo.
Después le sonrió a Darío:
—También sabes que ella salió de mi mano, así que recuerda tratar bien a esta cosita. Dale un respiro de vez en cuando, ¿sí?
—¡Bah! —gruñó Darío—. Me costó un buen conseguirla, claro que voy a "cuidarla" bien.
Después me lanzó una de sus miradas asquerosas y se rio entre dientes.

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