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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1880

Waylon le echó un vistazo a Darío y me dijo:

—Eso, eso. Lo que dice la señorita Alma tiene sentido. Total, tu marido ya salió corriendo y te abandonó; mejor quédate con Darío. Mira nada más: por ti se atreve a enfrentarse a cualquiera. Y mírate a tu inútil marido, desaparecido desde hace rato. Si me preguntas a mí, Darío, tanto en valentía como en porte, le da mil vueltas a tu marido. Así que deja de pensar en ese inútil y adáptate a la situación. Lo importante es salvar el pellejo.

Lo miré, fastidiada; Waylon también venía a echar leña al fuego.

Después de hablar, Waylon volvió a mirar a Darío con una expresión intencionada y se rio.

—Qué raro, Darío. Te estoy halagando y aun así me miras tan feo.

Al instante, todas las miradas volvieron a Darío. Él agitó el brazo bruscamente y respondió gritando:

—¡Mi valor y mi coraje los ve cualquiera! ¿Necesito que un mísero mantenido venga a decírmelo? ¡Detesto a tipos blandengues como tú! ¡Que me halagues es un insulto!

Waylon lo miró fijamente.

—Maldito…

—¡Eh!

Antes de que Waylon terminara de decir el insulto, la señorita Alma se acomodó y suspiró, con fastidio.

—¿Desde cuándo este lugar se volvió una plaza de mercado? Miren cómo gritan todos… de verdad no me respetan para nada.

Después de esas palabras, Henry miró muy mal a Waylon, diciéndole que se calmara.

Waylon chasqueó la lengua y se apartó a fumar, aunque sus ojos seguían yendo una y otra vez hacia Darío: a veces con desprecio, a veces con rabia, otras analizándolo.

Menos mal que Waylon era hombre; con lo mucho que miraba a Darío, cualquiera pensaría que se había fijado en él.

Mientras pensaba en cualquier cosa, la señorita Alma me preguntó de pronto:

—Habla, pequeña. ¿Vas a quedarte o no con Darío?

De inmediato, me negué.

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