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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1859

Llevaba unos lentes de marco dorado; su aspecto era fino y distinguido, pero los ojos detrás de los cristales eran difíciles de leer.

Tenía los dedos largos, con los nudillos marcados; el aplauso despacio de hacía un momento había salido de esas manos.

Ese aplauso no se sentía forzado; parecía más bien que de verdad apreciaba un entrenamiento cualquiera, con una cortesía medida y elegante.

Incluso al pararse junto al señor Felipe, mantenía la distancia justa: ni se adelantaba a propósito ni se quedaba atrás; tenía los hombros un poco relajados, mostrando respeto, pero sin perder dignidad.

A simple vista, se notaba que tenía una mente que calculaba todo.

Mateo apartó la vista y fue el primero en hablar, con una actitud respetuosa mas no servil:

—Señor Felipe, señor Torres, ¿qué los trae por aquí?

El señor Felipe se fumaba el puro en silencio.

Ricardo sonrió y dijo:

—Solo pasábamos a mirar, y de paso a comentarte lo del muelle. Pero, Darío, esa escena de recién, cuando dominaste y regañaste a ese hombre, de verdad me dejó impresionado. Ni siquiera el mejor guardaespaldas que el señor Felipe tuvo antes a su lado se movía tan rápido. Con razón pudiste romperle el brazo tan fácil.

Mientras hablaba, la mirada detrás de los lentes de Ricardo bajó tranquila hacia la muñeca de Mateo, y enseguida volvió a su cara.

Fue una mirada natural, como de charla casual, sin que se notara que estaba analizando algo.

Mateo se calmó por dentro y respondió con voz grave:

—El señor exagera. No es más que el resultado de entrenar un poco más duro que los demás.

Pedro le había contado que él había sido su compañero de juegos y su mejor amigo cuando eran chicos.

Pero la pelea por intereses y la tentación del poder hicieron que Ricardo terminara eligiendo el lado del señor Felipe.

Era una persona viva e inteligente.

Pedro le había advertido que, a menos que fuera muy necesario, era mejor no provocarlo.

—Eres muy modesto —dijo Ricardo, con una sonrisa muy chica, apenas lo suficiente para que su expresión se viera menos seria.

Decían que Ricardo era el heredero de la familia Torres. Aunque trabajaba para el señor Felipe, todos en la familia Morales lo trataban con muchísimo respeto.

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