—Mira, me agarré a los barrotes con todas mis fuerzas y por eso logré zafarme de esos dos guardias; ¡me arrancaron un buen trozo de piel de la palma! —le dije a la señorita Alma, mientras extendía mi mano lastimada y sangrienta para que ella pudiera verla.
Serio, Waylon me observó, sin decir nada. Por otra parte, la señorita Alma miró mi mano, bastante molesta.
—¿En serio esos dos guardias querían lanzarte al pozo de las serpientes? —me preguntó.
—Sí —le respondí.
Cuando recordé la escena anterior, todavía sentía un fuerte escalofrío. Me tallé los ojos que ya tenía rojos de tanto llorar y continué con mi explicación:
—Yo les repetí que usted no había dado ninguna orden clara, señorita, pero no me hicieron caso y me quisieron llevar a la fuerza. Si no fuera porque parecían enviados por usted, habría pensado que eran espías que alguien puso a propósito a su lado.
Esa última frase la dije con toda la intención. Quería sembrar la duda en ella y que pensara que esos dos guardias trabajaban para Jeison. Con lo lista y astuta que era la señorita, estaba segura de que iba a sospechar.
Y así fue, pues la mirada de la señorita Alma se volvió molesta, como si estuviera pensando seriamente en mis palabras. Se echó hacia atrás en su asiento, pero luego sonrió un poco y me habló.
—No es culpa de ellos; en realidad, yo sí tenía ganas de lanzarte a las serpientes...
Sentí un dolor en el pecho y el corazón me dio un vuelco; estuve a punto de seguir fingiendo que lloraba para suplicarle, pero ella no se detuvo ahí.
—Aunque ahora tengo una dinámica más divertida aún; vamos a esperar a que venga tu marido para empezar.
¿Una dinámica más divertida? De inmediato volteé a ver a Waylon para buscar alguna respuesta.
Él estaba recostado en la silla de forma muy relajada.

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