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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1798

Por suerte, Pedro detuvo de una vez a los dos guardaespaldas.

—¿No habíamos quedado en que, si ella aceptaba venir conmigo por su cuenta, la dejarías ir? —le dijo con voz serena a Alma.

Alma estaba furiosa. Me lanzó una mirada llena de irritación que me hizo sentir un escalofrío por toda la espalda. En realidad, cuando estaba de buen humor, ella era muy atenta: amable, generosa y hasta divertida. Pero cuando se enojaba, podía ser muy cruel. Yo no quería molestarla, pero extrañaba demasiado a Mateo; deseaba con todas mis fuerzas volver a verlo. Conociendo lo inestable que era ella, ni siquiera estaba segura de que de verdad me dejara estar con él, o de que lo fuera a mantener vivo si lo hacía trabajar para ella.

Y peor todavía, seguía muy encaprichada con ese loco de Jeison. ¿Quién me aseguraba que un día, por una sola palabra de él o porque yo la hiciera enojar, no me mandaría de vuelta con ese tipo? Así que, si tenía la oportunidad de elegir, claro que prefería irme con alguien que estuviera del lado de Mateo.

En ese momento, me bastaba con salir de ese castillo. Si podía hacerlo con Pedro, significaba que pronto podría reunirme con Mateo.

Alma seguía mirándome; tenía unos ojos tan bellos como peligrosos. Había en su mirada algo de resentimiento, como si sintiera que la había traicionado. Cuando me di cuenta, un miedo muy fuerte me subió por el pecho.

Miré a Pedro con desesperación. Tenía que sacarme de ahí o no iba a vivir para contarlo.

—Alma, diles a tus macancanes que abran la jaula —dijo él con mucha calma—. Me la voy a llevar conmigo.

Alma tomó aire con fuerza para intentar no explotar de ira. Cerró los ojos un momento y, cuando los abrió, ya estaba sonriendo.

—Pedro —dijo despacio—, hace un rato dijiste que podías ofrecer algo a cambio.

Pedro asintió muy serio.

—¿Qué quieres, Alma?

Ella no respondió rápido. Sonrió poco a poco con una intención muy clara. Esa sonrisa hizo que un mal presentimiento me llenara de inmediato. Pedro esperó unos segundos y, cuando vio que ella no decía nada, habló primero:

—Sobre el proyecto en el que estamos compitiendo, me voy a retirar. Sabes bien que, si yo me salgo, ese contrato va a ser tuyo.

Alma se rio un poco, con tono burlón. Se acomodó en su diván y comentó como si nada:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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