—Je…
Waylon se rio un poco, burlándose de los guardias de la entrada.
—Con una vigilancia así, ¿qué pasa, tienen tanto miedo a morir? Ve y dile al señor Pedro que ya le traje a la persona que quiere.
—Esperen aquí.
El guardia respondió muy serio y se volteó para correr hacia el interior del castillo.
Mateo miró hacia el patio.
Varios sirvientes estaban ocupados: unos regaban las flores, otros cortaban el pasto.
Luego levantó la vista hacia el interior del castillo, preguntándose si Sofía estaría ahí, si llegaría a ver a Waylon.
Con el carácter de Waylon, si llegaba a verla…
Después de pensarlo un momento, Mateo le dijo en voz baja:
—Ya estamos aquí. Será mejor que regreses, por si acaso no logro llegar a un acuerdo con el señor Pedro y acabas metido en el lío.
—¿Qué mierda dices? ¿De verdad me tomas por tu chofer? ¿Te traigo al destino y me despachas así?
Waylon levantó la barbilla y, con curiosidad, miró hacia el patio.
—Yo quiero aprovechar para ver cómo es la esposa del señor Pedro. A ver qué tal es la mujer que lo tiene tan embobado. Dime, si uso un poco de encanto de hombre y le robo la esposa… ¿qué crees que pasaría?
El corazón de Mateo dio un vuelco.
Por un instante pensó que Waylon ya sabía que la esposa del señor Pedro era Sofía.
Pero al ver su expresión relajada, llena de bromas, descartó esa idea.
Si lo supiera, no estaría así de tranquilo.
Cada vez que él mencionaba a Sofía, Waylon se volvía loco.
Si llegara a enterarse de que Sofía era la esposa del señor Pedro, explotaría sin remedio.
Tal como esperaba, Waylon suspiró entre risas.
—No me mires así. La vida es aburrida. Robarle la esposa a otro tampoco es para tanto. Al fin y al cabo, en Zuheral, ¿no estuve a punto de robarte también a tu mujer…?
—¡Waylon!

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