Después de escuchar toda la historia de Jeison, la señorita Alma no mostró ninguna emoción.
Solo bajó la mirada y empezó a jugar con el arma entre los dedos.
—Entonces, según lo que dices, ¿la responsable de la muerte de toda tu familia es esta mujer? ¿Y todas las humillaciones y torturas que le has hecho pasar en el camino han sido para vengar a tus seres queridos? —habló con indiferencia.
Jeison asintió, muy serio.
—La odio hasta el punto de querer arrancarle la piel y el corazón. Pero eso sería tenerle mucha piedad. Quiero torturarla despacio, poco a poco, hasta que se muera.
—Oh... —preguntó la señorita Alma con voz dulce—. ¿Y entonces por qué valoras tanto al niño que tiene en la barriga?
Tenía un tono tranquilo, pero la mirada que le clavó a Jeison era penetrante y amenazante.
Me asusté por dentro.
Con razón la señorita Alma tenía tanto poder dentro de su organización y todos le tenían miedo.
No era una mujer fácil de engañar ni de convencer.
No... tenía que encontrar la forma de acercarme a ella.
Si lograba quedar bajo su protección, ya no tendría que tenerle miedo ni a Jeison ni al tal Pedro.
Pero ¿cómo ganarme su ayuda?
No era como Jeison o Waylon, capaces de complacerla con su apariencia y encanto.
Mientras pensaba rápido, Jeison ya le estaba respondiendo a la pregunta de la señorita Alma.
Su expresión seguía llena de tristeza.
—Porque, un momento antes de morir, mi hermano me dijo que todavía amaba con locura a esa mujer. Dijo que, si hubiera podido tener un hijo con ella y formar una familia, habría sido lo mejor que le pudo pasar. Por eso debo quedarme con este niño. Aunque no sea de mi hermano, mientras yo lo críe como si lo fuera, será su hijo. Cuando crezca, podré llevarlo a la tumba de mi hermano... y creo que él también se sentirá consolado.
No pude evitar sentir que no entendía nada.
Era obvio que la mente de una persona normal jamás podría entender la lógica de alguien así.
¿Qué clase de lógica era esa?
—Señorita Alma...

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