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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1714

La preocupación en la cara de Sofía era sincera. Volvió a escribir en el papel:

"El señor Pedro se preocupa mucho por mí, pero no puedo cambiar sus decisiones. Me trata muy bien, pero es violento y cruel por naturaleza. No puedo cambiarlo ni convencerlo. Por eso no tengo forma de pedirle que te perdone. Perdón...".

—Eres demasiado buena. Recuerda esto: no me debes nada. Al contrario, fui yo el que te secuestró —le dijo Mateo mientras negaba.

Sofía bajó la mirada, apenada, y no escribió nada más.

Mateo tampoco se relajó. Dejó el pie firme en el acelerador y los ojos fijos en el camino.

El cielo se fue oscureciendo; al estar junto al desierto, la noche llegó rápido y el frío se hizo más fuerte.

Mientras el auto entraba en la ciudad, el ambiente se volvió claramente más animado.

Las luces de neón, junto con el ruido de la gente y de los autos, entraban por las ventanillas, anunciando la vida de la ciudad y dejando que los nervios se calmaran un poco.

Manejaron alrededor de una hora.

Durante todo el camino, Mateo miró por el retrovisor y pudo confirmar que no había ningún auto siguiéndolos.

Avanzaron unos minutos más y, al final, Mateo decidió dejar a Sofía en una plaza llena de gente.

—¿Tienes el número de Pedro? —le preguntó.

Sofía asintió.

Mateo miró el paradero y las señales cercanas. Luego la llevó a un teléfono público y, siguiendo el número que Sofía había escrito, llamó desde ahí.

Al mismo tiempo, guardó en su propio teléfono el número de Pedro.

El timbre sonó apenas dos veces antes de que Pedro contestara.

Su voz era urgente, cargada de una rabia que apenas podía contener:

—¿Dónde la dejaste? Si a Sofía le pasa algo, voy a hacer que tú y todos los tuyos se mueran.

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