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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1686

—¡Por aquí, Juan!

Juan jaló a Mateo y lo sentó de inmediato.

—¿Dónde se metieron? —preguntó Nilo—. Se tardaron bastante en llegar.

Juan miró a Mateo y respondió:

—Vimos que aún faltaba tiempo para la subasta, así que volvimos a la habitación a descansar un rato.

—Menos mal llegamos temprano —comentó Méndez—. Los asientos que conseguimos están bastante bien; mira a los que llegaron después, solo pudieron sentarse en los laterales o hasta atrás.

Mateo miró por todo el salón de subastas. El recinto era enorme, estaba repleto de gente y los asistentes venían de distintos países, pues la diversidad en los tonos de piel y los idiomas era evidente.

—Los que vienen aquí lo hacen por distintas razones: algunos buscan tesoros rarísimos; otros, criaturas exóticas; otros, mujeres... —dijo Nilo—. Pero te digo algo: la mayoría, al final, viene por el coliseo de combate.

—¿El coliseo de combate? —Mateo se quedó intrigado, pero por dentro sintió un rechazo inmediato.

—Después de subastar a las criaturas exóticas, organizan una pelea en vivo —explicó Méndez—. Personas contra bestias —lo último lo dijo bajando la voz.

—La vez pasada hicieron pelear a una mujer embarazada contra una bestia —añadió Nilo—. Eso fue... —hizo un sonido de disgusto.

Mientras hablaba, Juan le dio un codazo repentino.

—No sigas. La esposa de Mateo también está embarazada ahora.

—No pasa nada —dijo Mateo con voz grave, aunque había cerrado el puño con fuerza a un lado del cuerpo.

Esta vez, pasara lo que pasara, iba a sacar a Aurora de allí y llevarla a casa.

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