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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1645

Pero también se entendía: ella no sabía nada de las cochinadas que había hecho mi padre. Apenas desbloqueé el celular, lista para llamar a la policía, entró una llamada de repente; era un número desconocido.

Me extrañó. ¿Tendría que ver con dónde estaban los niños?

Con eso en mente, contesté rápido. No alcancé a decir nada cuando escuché una risa baja y siniestra. Ese sonido me dio un escalofrío en la espalda, como si me hubiera caído en un pozo de agua helada.

Era la voz de Camila.

—Aurora, ¿qué tal? Los niños desaparecieron... ¿estás desesperada?

Sentí que el corazón se me hundía. Una rabia y un dolor inmensos se apoderaron de mí.

¿Mi padre...?

¿De verdad le había entregado mis hijos a esa mujer malvada? ¿Por qué? ¡Él era mi padre biológico, el abuelo de esos dos niños! El cuerpo me temblaba de pura ira. Apreté los puños con fuerza a los lados y le pregunté, furiosa:

—¿Qué quieres?

—Lo que quiero... tú lo sabes muy bien, ¿no? Ja, ja... —Camila se rio como una loca—. Tus dos hijos son tan obedientes, tan lindos... ay... la verdad es que te tengo una envidia impresionante. Poder tener con Mateo dos niños tan lindos... te tengo tanta envidia que me vuelvo loca, tan loca que tengo unas ganas inmensas de... arrancarlos pedacito a pedacito.

—¡No te atrevas a tocar a mis hijos!

Grité, aunque la voz me temblaba de un miedo incontrolable. Lo último que dijo Camila fue cruel y despiadado; yo sabía que ella era capaz de torturar a Embi y a Luki hasta matarlos.

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