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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1642

Pero un segundo después, el corazón me dio un brinco.

En la sala de juegos, aparte de todo tipo de juguetes, no había ni rastro de los niños.

Yo ya estaba intranquila, pero al no verlos, sentí una angustia peor y la mente me quedó en blanco.

Doña Godines se veía tranquila; de hecho, me dijo sonriendo:

—¿Cuándo se despertaron? Cuando subí hace un ratico, todavía los vi dormidos —al oírla, me calmé un poco; mientras los niños siguieran dentro de la casa, todo iba a estar bien—. Seguro se volvieron a esconder en la habitación de usted y del señor para jugar —añadió doña Godines—. No sabe cuánto la extrañan; siempre sacan sus cosas para mirarlas.

Me quedé quieta.

Si Mateo ya había decidido llevar la fiesta en paz conmigo, ¿entonces no había tirado mis cosas? Mientras pensaba en eso, doña Godines me agarró del brazo:

—Vamos, vamos al dormitorio principal a buscarlos.

Sin embargo, cuando llegamos al cuarto, tampoco vi a Embi ni a Luki. Sentí que se me apretaba el pecho.

Por muy segura que doña Godines estuviera de que los niños seguían en la villa, mientras no los viera con mis propios ojos, no iba a poder tranquilizarme.

—Por favor, avísele ya mismo a los guardias y a los empleados para que los busquen por todas partes. Hay que encontrarlos ya —le dije rápido.

Al verme tan seria, doña Godines se confundió, pero no hizo preguntas y bajó de una vez a dar las órdenes. Di una vuelta por el dormitorio y, al final, me fijé en el armario.

¿Y si estaban jugando a las escondidas, se metieron ahí y se quedaron dormidos?

Con eso en mente, corrí a abrir la puerta del armario, pero adentro solo estaba colgada la ropa de Mateo y la mía; no había rastro de los niños. Me quedé extrañada y el pánico empezó a crecer sin control.

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