Sentí que el corazón se me hundía.
—¿Qué pasó? ¿Acaso no estaba siempre en coma en el centro de detención? ¿Cómo se pudo escapar así de la nada? Y además, ¿cómo iba a poder escapar tan fácil ella sola?
—Según dicen, ya despertó hace tiempo; aprovechó un descuido del médico, lo atacó y se escapó —dijo Carlos, con voz grave.
—Entonces seguro alguien la estaba ayudando. El centro de detención no es un hospital, y ella estaba herida de gravedad; sin alguien que la apoyara desde afuera, hubiera sido imposible escapar.
Mientras hablaba, pensé en Jeison y en Javier.
Si Jeison salvó a Camila, sin duda era porque todavía quería usarla para enfrentarse a Mateo y a mí; si Javier la salvó, era porque Camila era su hermana menor y la que más quería.
Así que los dos tenían motivos para rescatar a esa mujer.
Pero si de verdad fue Jeison el que ayudó a Camila, entonces la situación se iba a poner mucho más complicada.
Eso significaba que Camila iba a volver a atacarnos a Mateo y a mí.
Camila ya estaba acorralada y los métodos que iba a usar seguro iban a ser todavía más crueles.
Además, Jeison también era muy astuto y despiadado.
Si los dos se unían, la situación iba a ser peor.
Y ahora que Mateo y yo estábamos separados, lo que más me daba miedo era que pusieran el ojo en nuestros hijos, que usaran a los niños para amenazar a Mateo.
Cuando pensé en eso, sentí una angustia horrible en el pecho.
Parece que Carlos pensó lo mismo.
—Aurora —me dijo, serio—, avísale rápido a Mateo para que tengan mucho cuidado y protejan más a Embi y a Luki. Me preocupa que ella pueda ir contra los niños. Además, vente a vivir conmigo ya; no me quedo tranquilo sabiendo que vives sola en el departamento. Camila te odia a muerte y si llegas a caer en sus manos, no quiero ni pensar lo que pasaría. De verdad, escúchame esta vez, ¿sí?
Rin, rin…

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