En el mensaje, Mateo decía que Valerie daba señales de despertar. También decía que esa misma tarde, junto con Alan, la iban a pasar al hospital para empezar un tratamiento completo. Era, sin duda, la única buena noticia que había escuchado en mucho tiempo. Rápido le marqué a Mateo y me contestó casi al instante.
—Justo te iba a marcar para decirte que te levantaras a comer —escuché su voz grave del otro lado—. No esperaba que me regresaras la llamada tan rápido. ¿Ya te despertaste?
—Sí —le respondí.
Por el teléfono se escuchaba el ruido de hojas pasando y una pluma escribiendo en un papel. Me quedé callada un momento y le pregunté:
—¿Estás en la empresa?
—Sí. Alan ha estado cuidando a Valerie estos días y no ha podido ver los asuntos de la empresa. Yo ya descansé bastante, así que ya era hora de volver y ocuparme del trabajo.
—¿Y tu herida...? —le pregunté preocupada—. ¿No se te volvió a abrir hace un par de días? ¿Fuiste al hospital a revisarte?
—Te hice caso —rio despacio—. Ayer en la tarde fui a que me revisaran. Ya estoy bien, hasta me dieron el alta. No te preocupes.
Al escucharlo, por fin me sentí un poco más tranquila.
—Lo que decías en el mensaje... ¿es verdad que Valerie está a punto de despertar?
—Sí. Alan me contó. Ayer vio sin querer que Valerie movió un poco los párpados. Los dos médicos que la han estado atendiendo dijeron que el hospital tiene equipos más completos y que lo mejor es llevarla para un tratamiento integral. Calculan que, con ese tratamiento, podría despertar en unos diez días o, a lo mucho, en quince.
—¡Qué bueno!
Sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas. Valerie por fin iba a despertar. Hacía tanto, tanto tiempo que no escuchaba su voz... la extrañaba muchísimo. Apenas le iba a preguntar a qué hospital la llevarían en la tarde, cuando escuché la voz de Asher de repente del otro lado del teléfono:

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