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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1614

Me quedé pasmada un segundo y, casi sin pensarlo, le pregunté:

—¿Cómo puedes estar tan seguro? ¿Y si de verdad es Michael después de hacerse una cirugía plástica?

Mateo me explicó con calma:

—En el tiempo en el que apareció Jeison, yo también tuve mis dudas, así que regresé a la vieja casa de la familia Bernard. Después de volver, me enteré de que mi papá habla seguido por videollamada con Michael. Justamente ese día los vi platicando por video, y el que estaba en la pantalla era, sin ninguna duda, Michael. Incluso le mencioné a propósito algunas cosas de antes para calarlo y no noté nada extraño. Así que, si Jeison fuera Michael, ¿entonces quién es el que siempre habla por video con mi papá y con mi madrastra?

Al escucharlo, también me entró la duda. Además, Javier me había asegurado que Jeison no era Michael. Pero entonces... ¿por qué Jeison se empeñaba tanto en atacarnos a Mateo y a mí? Eso era algo que, de verdad, no lograba entender.

—Aurora, ¿me dices esto porque Jeison volvió a darte lata? —preguntó Mateo con la voz tensa.

Apreté los labios antes de responder:

—No exactamente. Nada más me habló de repente para decirme que esa vez no ayudó a Camila. Claro que no le creo. Él ayudó a que le cortaran la lengua a Bruno, de eso estoy segura. Y el día de la boda, todos los que ayudaron a Camila eran de su gente. Por eso se me hace tan extraño... no entiendo por qué tuvo que ayudarla a atacarnos.

Mateo se quedó callado un buen rato y luego dijo:

—Por ahora no te preocupes tanto. Yo me voy a encargar de investigarlo. —Después de una pausa corta, añadió muy preocupado—: Aurora, ¿qué te parece si mando a algunas personas para que te cuiden? No te preocupes, nada más van a estar cerca para que estés segura. Ya te prometí que no me iba a meter en lo que hicieras este mes, y voy a cumplir mi palabra. Es que... me preocupa que estés bien.

Escuché su voz cada vez más baja, con un tono casi humilde. El pecho se me apretó con un dolor amargo.

—Está bien —respondí de inmediato—. Manda a alguien que me cuide. Así yo también me quedo más tranquila... y, si hace falta, hasta puedo pedirles ayuda.

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