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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1533

Me tapé la boca y, al final, empecé a llorar; sentía que me ahogaba de dolor. Alan se quedó callado al teléfono unos segundos; después, habló molesto:

—¿Y por qué estás llorando? Si de verdad te importara Mateo, no te habrías ido con Javier anoche. Recién a esta hora te acuerdas de llamar para preguntar por él. ¿No crees que ya es demasiado tarde? En fin, deja de llorar. Mateo todavía no se ha muerto.

—Dime en qué hospital está —le pregunté; sentí cómo me quedaba sin voz.

Alan no se complicó y me dio de una vez el nombre y la dirección del hospital; pero antes de colgar, añadió, muy irritado:

—Te advierto: ni se te ocurra venir con Javier, o te juro que te rompo la cara.

Y colgó la llamada. Yo respiré hondo, adolorida; puse el teléfono en el piso y volteé para salir. Javier me preguntó rápido:

—¿Vas a ver a Mateo?

No le contesté, pero enseguida volvió a agarrarme. Sentí un asco horrible, así que me solté a la fuerza y, con los ojos cerrados, le grité:

—¡No me toques!

Me sentía tan débil que me tambaleé y terminé apoyada en el tronco de un árbol del patio. El sol estaba tan fuerte que casi no podía mantener los ojos abiertos. La cabeza me daba vueltas y todo se veía borroso, pero no quería quedarme ahí. No quería verlo. Solo quería ver a Mateo otra vez.

Javier se quedó parado a unos dos metros. Me miraba en silencio; parecía tranquilo, pero tenía una mirada rara, muy seria.

—Es para llevarte nada más —dijo.

—¡No quiero nada de ti!

—Aurora, lo que pasó anoche entre nosotros ya pasó y es un hecho. Aunque me rechaces, aunque me odies, eso no cambia la realidad. Hazme caso, cálmate un poco; esa agitación no te hace bien.

Cuando lo escuché fingir interés, no pude evitar reírme con amargura.

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