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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1531

La empleada terminó de hablar, con una sonrisita burlona que ni siquiera intentó ocultar. Cerré los ojos, desesperada, y grité:

—¡Lárgate!

Ella no se atrevió a quedarse más tiempo y salió rápido. Yo me acosté boca abajo y, otra vez, las lágrimas me salieron sin control. Sabía que no iba a conseguir ninguna respuesta, pero en el fondo todavía guardaba una mínima esperanza. Quería creer que entre Javier y yo no había pasado nada, que todo esto no era más que una farsa montada por él.

Pero el vestido de novia roto, las marcas en mi cuerpo y las palabras de la empleada me gritaban que todo era real. Ante una realidad tan cruel, ¿cómo se suponía que tenía que enfrentarla?

Me tapé con las cobijas y lloré sin consuelo. La desesperación, la impotencia y la culpa por Mateo me apretaban el pecho hasta dejarme sin aire.

Mateo... Sí, él seguía gravemente herido. Fuera como fuera, primero tenía que asegurarme de que estuviera bien.

Me sequé las lágrimas de la cara y tomé la ropa que estaba a los pies de la cama para vestirme. Mientras bajaba las escaleras no vi a nadie; solo cuando llegué a la sala encontré a Javier sentado en el sofá, tomando té.

Cuando me vio bajar, me sonrió con dulzura, pero esa sonrisa solo me provocó repulsión. Alguna vez lo había considerado un buen amigo, pero desde que empezó a encubrir a Camila, nuestra amistad quedó destruida. Nunca imaginé que llegaría a hacerme algo así. Cada vez que lo miraba, solo sentía asco y odio.

Él se levantó para acercarse, pero yo retrocedí dos pasos de inmediato.

—¡No te acerques! —le dije, furiosa.

Javier, con cara triste, preguntó:

—Ahora... ¿ni siquiera puedo acercarme a ti?

—Tu presencia me da asco —le respondí entre dientes.

Él se tensó por un instante, pero no se enojó. Al contrario, habló con calma:

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