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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1454

Estaba ahí sentada, pensando, cuando de repente Javier dijo eso. Me asusté y levanté la vista hacia él, lo que no esperaba era que me rozara la herida con el dedo.

Aspiré con fuerza por el dolor, mientras Javier me miraba.

—¿Por qué te pones tan nerviosa? —su sonrisa era extraña.

—No estoy nerviosa —respondí, fingiendo indiferencia, y seguí tomando la sopa.

Javier me parecía más aterrador ahora, mucho más que el Mateo de antes. Si podía evitar discutir con él, mejor. Quién sabe, si lo hacía enojar otra vez, capaz se repetía lo de anoche. Lo de anoche fue un accidente, me caí, y no sabía si fue por culpa o arrepentimiento, pero detuvo su agresividad. Sin embargo, no podía seguir cometiendo errores; tuve suerte de que no pasara nada grave, pero si tenía mala suerte y me golpeaba la cabeza y perdía la memoria, ese sería el fin.

Mis pensamientos iban y venían. La risa tranquila de Javier me llegó desde arriba:

—¿No te da curiosidad saber si contesté su llamada?

—No, la verdad no —respondí, seca.

En realidad sí tenía; me moría por saber para qué llamaba Mateo. Quería saber cómo había reaccionado cuando despertó y si se acordaba de los detalles de lo que pasó. Si pudiera, iría a verlo ahora mismo, pero la verdad era que seguía prisionera de Javier y hasta mi teléfono lo tenía él; así que, aparte de repetir que no me importaba, no podía hacer nada más.

Javier se echó a reír otra vez de esa forma rara. Su "elegancia" parecía ser inquebrantable y, pasara lo que pasara, su tono siempre sonaba tranquilo.

—Tú no tienes curiosidad, pero yo sí te quiero contar.

Me quedé callada. No esperaba que Javier fuera así de loco.

La pomada fresca que me puso en la frente me alivió el dolor. Mientras me colocaba la venda, dijo:

—Mateo llamó para hablar contigo y yo contesté. —Seguí en silencio, esperando a que continuara—. Le dije que te estabas bañando y que no podías contestar.

Me molesté mucho y lo miré. Él sonrió, con una expresión que no parecía tener maldad:

—Colgó de una vez, pero después de media hora llamó otra vez —comentó, con esa sonrisa tan rara—. ¿Adivina qué le dije esta vez?

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