El corazón me dio un vuelco.
—¿Cómo que "se acabó"? ¿Qué...?
—Olvídalo, igual ya tienes prometido, así que no te debería importar. No te molesto más, no quiero interrumpir lo que estés haciendo con él. —Y sin decir más, colgó.
Me quedé totalmente confundida. ¿Qué quiso decir Alan con eso? ¿Será que, por mi respuesta, pensaba que no fui yo la que estuvo con Mateo, sino otra persona? ¿O creía que lo nuestro ya terminó definitivamente? Probablemente era eso, pero ¿quién lo manda a llamar justo ahora para confirmar? ¿Esperaba que admitiera frente a Javier que sí, que fui yo la que estuvo con Mateo?
“Ah, ya qué, olvídalo. En cuatro días se va a dar el paso final del plan. Apenas resuelva lo de Camila, voy a buscar a Mateo para aclarar todo. En ese momento, no me va a importar si Waylon se enoja o si tira una bomba en Ruitalia; lo único que importa es arreglar las cosas con Mateo y reunir a los dos niños”, pensé.
Colgué la llamada y miré a Javier. Su cara estaba tranquila, como siempre, sin mostrar ninguna emoción; sin embargo, había algo en esa calma que me inquietaba, como si escondiera una tormenta en su mente.
Me lamí los labios y dije:
—Es solo que estaba descansando en el piso 20 y vi a Mateo entrar y salir de la 2008. Como sé que Alan y los demás lo estaban buscando, decidí avisarles.
—¿Por qué de repente me estás dando explicaciones? —preguntó Javier mientras manejaba, con el mismo tono tranquilo.
—Porque no quiero que malinterpretes las cosas —respondí, tratando de sonar casual.
Él respondió con una sola carcajada; no dijo nada más.

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