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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1438

Mateo suspiró, como si sintiera alivio, pero de repente me empujó:

—No... te gusta Javier, tú... no tienes que obligarte por mí...

Evidentemente, aún no tenía confianza en nuestra relación.

Seria, lo miré y le dije:

—No es obligado, Mateo, lo hago porque quiero, de verdad. Porque te quiero a ti, siempre te he querido a ti, solo a ti.

Después de eso volví a besarlo. Esta vez él no me empujó.

Como si finalmente hubiera liberado todo lo que contenía, me agarró del cuello con sus manos y me besó con intensidad, tomando el control. No sabía cómo, pero acabamos en la cama. Él se recostó sobre mí y, en sus ojos, esa tensión y autocontrol volvieron a aparecer. Lo sentí respirar en mi pecho y lo abracé por el cuello para besarlo.

Me acerqué a su oído y susurré:

—Tonto, solo me gusta hacer estas cosas contigo, siempre... siempre quiero estar contigo así...

Estas palabras parecieron haberle dado un impulso inmenso. Ya no tenía dudas; no tenía que resistirse.

En un abrir y cerrar de ojos, él me quitó todo lo que tenía puesto.

Cuando nuestra piel se tocó, toda su tensión se desbordó. Fue intenso, lleno de apuro, pero él también parecía tener miedo de hacerme daño, con una ternura inexplicable en medio de su frenesí.

De repente, mi teléfono sonó de manera inoportuna. Mateo se quedó inmóvil. Su respiración acelerada rozaba mi cara caliente. El teléfono seguía sonando insistentemente en la mesita de noche; la luz azul de la pantalla iluminaba el deseo contenido en sus ojos. Sus nudillos se tensaron sobre la tela de la sábana, poniéndose blancos.

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