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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1268

Carlos me miró, con incredulidad, y su voz temblaba de emoción.

—Aurora, ¿estás… estás hablando en serio?

Asentí rápido, fingiendo tristeza.

—En este mundo, tú solo me tienes a mí, y yo solo te tengo a ti como hermano. He odiado tanto tiempo… Estoy cansada, Carlos, y también muy triste. Si tú amas a Camila, entonces ámala. Yo no quiero seguir odiando. Además, ahora estoy con Javier. Tarde o temprano debo dejar atrás el rencor y aceptar a Camila.

A Carlos se le aguaron los ojos, y estaba tan conmovido que ni siquiera pensó en dudar de mis palabras. Me abrazó fuerte y murmuró, con la emoción en la voz:

—Aurora, fui yo quien te falló. No odies más, por favor. Aprende a quererte, a ser feliz. No pido nada más, solo quiero verte bien, verte feliz.

Lo aparté con delicadeza y limpié las lágrimas de mis mejillas.

—Sí… los dos tenemos que ser felices.

Hice una pausa, fingiendo preocupación, y añadí, con voz suave:

—Por el bien de todos, estoy dispuesta a dejar atrás el odio. Pero tú sabes que Camila me detesta, que siempre intenta hacerme daño. Lo viste hace un momento: no quiere aceptarme, me tiene mucho rencor. Temo que…

—No tengas miedo —me interrumpió Carlos, tomándome la mano, con decisión.

—Déjamelo a mí. Hablaré con ella, la haré entrar en razón. Y si aun así insiste en hacerte daño, entonces… aunque me cueste la vida, te protegeré.

Claro.

Promesas vacías.

Por mucho que dijera que me protegería, nunca sería capaz de hacerle daño a Camila.

Aun así, asentí con convicción y sonreí.

—De acuerdo, confío en ti. Si tú estás conmigo, ella no podrá lastimarme.

Los ojos de Carlos se llenaron de brillo. Ya no había tristeza en ellos, sino esperanza y alegría.

Poco después, Javier regresó, aunque Camila no estaba con él.

Carlos, aún emocionado, intentó disimular y le preguntó:

—¿Dónde está Camila?

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