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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1228

Mi expresión de confusión fingida pareció divertir a Mateo, porque se rio un poco.

El sonido le vibró en el pecho y me llegó a la espalda a través de la tela delgada de mi bata.

Con un tirón pequeño de los dedos, aflojó el lazo de la prenda.

Su mano cálida subió despacio por mi cintura.

—¿Jugando a hacerte la tonta? —susurró lentamente con su voz grave, que era tan peligrosa, pero tan difícil de resistir a la vez.

Cuando su aliento caliente me rozó el oído, todo mi cuerpo se estremeció.

De repente me volteó y me acomodó debajo de él.

Su mirada llena de deseo solo encendió más el calor dentro de mí.

Avergonzada, miré a otro lado y murmuré:

—El que se hace el tonto eres tú... Yo... yo no sé a qué te refieres con eso de lo que "no terminamos".

—¿Ah, no te acuerdas? —dijo, en voz baja, con un tono que erizaba la piel.

Su nariz rozó mi oreja, mientras las sombras de sus pestañas largas se proyectaban en mi cuello.

Con el pulgar acarició mis labios encendidos.

—Si se te olvidó, amor mío... —susurró, con una sonrisa pícara—, voy a tener que ayudarte a recordar.

Y tiró de mi bata.

Su mano caliente se deslizó por mi piel.

El contraste con el aire frío me hizo temblar.

Afuera seguía nevando, pero para mí el mundo entero estaba en llamas.

Mis dedos se aferraron a su espalda, buscando aire, buscando calma.

Los olores de su piel y del jabón se mezclaban, embriagando mis sentidos.

—Aurora... —murmuró mi nombre, su voz ronca, llena de ternura y deseo.

Sentí cómo todo dentro de mí se encendía, una mezcla de amor y de locura.

Lo abracé más fuerte.

Solo quería fundirme con él, no pensar en nada más, no separarme nunca.

***

Desperté casi al mediodía.

La noche anterior, Mateo estuvo completamente descontrolado.

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