La habitación estaba sumida en una oscuridad total.
Todos sus sentidos estaban a flor de piel.
Después de un mes sin verse, Valentín se mostraba intensamente dominante.
Floriana intentó resistirse, pero al final solo pudo apretar los dientes y aguantar…
Afuera, la nieve caía cada vez con más fuerza, mientras el viento helado aullaba.
No sabía cuánto tiempo había pasado, pero Floriana se encontraba completamente empapada.
Sentía una incomodidad en el abdomen.
Recordando que su ciclo menstrual estaba retrasado, decidió hablar. —Valentín, yo…
El hombre, molesto por su distracción, se volvió aún más agresivo.
Sus suaves palabras eran constantemente acalladas por los besos dominantes de él…
Cuando todo terminó, aún no amanecía.
Floriana estaba tan agotada que apenas lograba mantener la conciencia; su abdomen dolía levemente, no era un dolor intenso, pero tampoco podía ignorarlo.
Al escuchar el tono de llamada de su celular, hizo un esfuerzo por abrir los ojos.
Con la vista borrosa, solo vio a Valentín dirigiéndose a la ventana para atender la llamada.
La habitación estaba tan silenciosa que pudo oír vagamente una voz melosa del otro lado.
Él respondía con paciencia, pero ignoraba a su esposa que dormía a su lado.
Poco después, se oyó el motor de un carro en la calle.
Valentín se había ido.
...
Al día siguiente, al despertar, el lugar a su lado seguía frío.
Floriana se dio la vuelta y se tocó el abdomen.
El dolor había desaparecido.
El tono del celular sonó nuevamente. Era la madre de Valentín, Estefanía Quijano.
Valentín le había contado que adoptó a Rafael Ferrer después de que sus padres biológicos murieran en un accidente.
Él era muy amigo del padre de Rafael, así que decidió adoptar al pequeño.
Ahora, cinco años después, en un mes, su madre quedaría en libertad.
Desde el principio, el matrimonio fue una transacción clara, donde ambos sacaron provecho. Floriana no había salido perdiendo.
A pesar de saber que su matrimonio no estaba basado en el amor y que podía terminar en cualquier momento, no pudo evitar enamorarse.
Con esos pensamientos en mente, Floriana se levantó y fue al baño.
Mientras se duchaba, el dolor en su abdomen volvió a manifestarse.
La inquietud regresó a su mente.
Cada vez que estaban juntos, usaban protección, excepto aquella vez, hace un mes, cuando Valentín estaba borracho…
Aunque tomó la pastilla del día después, sabía que no siempre era efectiva.
Por precaución, mientras se dirigía a la casa de la familia Ferrer, paró en una farmacia. Bajó del carro y compró una prueba de embarazo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Noches de Amor y Engaño