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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 991

Si este asunto no se resolvía a la perfección, Adara tampoco saldría bien librada.

Al escuchar las palabras de Estrella, Violeta sintió una oleada de gratitud.

—Gracias. De verdad. Si no fuera por ti, jamás habría podido devolverles el golpe.

—Fui ingenua al pensar que bastaba con terminar la relación y ya, que podíamos simplemente separarnos y olvidar el asunto —suspiró Violeta con amargura.

Creía que mientras no cometiera el error de casarse, como había hecho Estrella, todo sería mucho más sencillo de manejar.

Qué equivocada estaba. Las lecciones de otras personas nunca duelen hasta que las vives en carne propia.

¡Había hombres de los que simplemente no te podías librar tan fácil!

Y cuando estalló el problema, ella no tuvo la fortaleza que tenía Estrella para enfrentarlos y hacerles pagar.

Estaba completamente indefensa, sin saber qué hacer...

—Ay, tonta, ya te había advertido que esa gente no es trigo limpio —le recordó Estrella con cariño.

Si Alonso no era un buen hombre, ¿qué le hacía pensar que Renato Ibáñez lo sería?

Durante su matrimonio con Alonso, Estrella había tenido tiempo suficiente para conocer la verdadera naturaleza de la familia Ibáñez.

¡Especialmente a Palmira Ibáñez, la madre de Renato!

Esa mujer no era alguien con quien se pudiera jugar.

—Ahora lo tengo más que claro. Te juro que no volveré a caer en algo así —aseguró Violeta.

Todo lo que había vivido con Renato la había dejado tan traumatizada que probablemente jamás volvería a confiar en una relación romántica.

—Sea como sea, ¡gracias por todo!

—¿Y qué planeas hacer con Adara? —preguntó Estrella.

—En cuanto Renato limpie mi nombre, déjala ir —respondió Violeta.

Estrella guardó silencio.

—Supongo que el susto que se llevó esta vez fue suficiente. Servirá para que aprenda la lección —añadió Violeta.

Aunque en el fondo deseaba destruirla, sabía que el verdadero culpable de todo este desastre era Renato.

Además, Violeta no era como Estrella.

Estrella tenía los recursos y la fuerza para sostener una guerra a largo plazo.

Ella no...

Por lo tanto, no podía permitirse quemar todos los puentes. Los padres de Adara también tenían poder y no se quedarían de brazos cruzados.

—Es curioso cómo, tratándose de Renato, de repente te vuelves tan compasiva —comentó Estrella, arqueando una ceja.

—...

¿Compasiva?

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