Tratar con las actitudes de Renato tenía muy desgastada a Violeta.
Y precisamente en ese momento, lo que más necesitaba era cortar todo por lo sano. Así que, en cuanto el hombre salió corriendo a atender el asunto de Adara...
¡Violeta se levantó de madrugada y arrancó directo hacia el aeropuerto!
Estrella ya lo tenía todo listo...
Una vez que estuviera fuera de Nueva Cartavia, a Renato no le resultaría nada fácil encontrarla.
Sin embargo, Violeta nunca imaginó lo que la esperaba.
Ese cabrón de Renato se había largado para resolver los problemas de Adara, ¡pero había dejado a alguien para vigilarla!
Apenas llegó al aeropuerto, Marcela, la asistente de Renato, apareció frente a ella:
—Señorita Pizarro.
—¿Qué se te ofrece? ¡Quítate de mi camino!
Al darse cuenta de quién se trataba, Violeta perdió por completo los estribos.
Con que el muy infeliz ahora tenía ojos en la nuca, ¿eh? ¡Con mayor razón no pensaba continuar con esta maldita relación!
Alguien así...
¿Por qué tenía que ser tan difícil estar con él?
La gente solía decir que meterse con alguien que no te deja ir tras una separación era lo peor que uno podía hacer.
A partir de ese momento, Violeta se grabó otra regla de oro en la mente: a los tipos con los que no podías terminar una simple relación de novios, también tenías que evitarlos como la plaga.
Era un completo martirio.
—El señor dice que no puede salir del país —le indicó Marcela con formalidad.
—¿Acaso tiene él derecho a limitar mi libertad? —espetó Violeta.
—No.
—¡Pues entonces déjame pasar!
—Sin embargo, el señor no le permite salir.
No tendría el derecho legal de hacerlo, pero era un hecho que lo estaba haciendo.
A fin de cuentas, lo que dictara el derecho no importaba en ese preciso momento.
Hastiada por la insistencia, Violeta hizo el ademán de apartarla de un empujón.
Pero Marcela, imperturbable, sentenció:
—Por más que me empuje, no podrá abordar ese avión.
—Tú...
—Vine con el único propósito de llevarla de regreso.
Violeta se quedó pasmada.
¡La frustración le quemaba la sangre!
¡Resultaba que el muy canalla de Renato sabía perfectamente lo que ella haría en cuanto él se diera la vuelta!
Y, aun sabiéndolo, ¡había decidido largarse!
A fin de cuentas, su relación también había tenido momentos hermosos, justo antes de que los Ibáñez metieran sus narices.
En aquel entonces, ambos habían sido genuinamente felices.
Cortar la relación cuando todavía conservaban los buenos recuerdos era la decisión perfecta...
—¡Sigue soñando!
Poco le importaba lo que dijera ella o qué excusas le pusiera, Renato se negaba rotundamente a dejarla en libertad y se aferraba como una garrapata.
Violeta suspiró.
Su actitud empezó a colmarle la paciencia en serio.
—Entonces dime, ¿quién demonios te llamó para que salieras volando a estas horas?
Se hizo el silencio de nuevo.
—¿Quién podría ser tan importante como para sacarte de tu casa de madrugada? Jamás habías hecho algo así.
Cuando recién empezaron, él jamás actuaba de ese modo.
Si un amigo se lo llevaba de fiesta, se lo comunicaba sin problema, nunca salía a escondidas.
Solo bastaba con que dijera que no había salido corriendo detrás de Adara.
¡No era para tanto!
Pero él seguía callado.
Nunca se le había dado bien lo de mentir, por lo que, cuando ella le soltó la pregunta de frente, se le comieron la lengua los ratones.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...