Hace poco, Adrián llamó a Nina para preguntarle si le interesaba participar en algo grande junto a Selena Ibarra.
Nina lo rechazó. Ahora su energía estaba centrada en sus proyectos de investigación; sus tareas con la escuela de ocultismo se limitaban a una sesión el primer día de cada año.
Adrián lamentó la negativa, pero respetó su decisión.
Santino, al final, no pudo escapar de un segundo matrimonio arreglado por su familia. La diferencia fue que esta vez la chica tenía la cabeza bien amueblada y valores firmes. Ambos estaban en edad de casarse y entendían que debían asegurar la continuidad de sus linajes.
El día de la boda de Santino, Alicia y Benito asistieron con su hijo.
Al verse de nuevo, tanto Santino como Alicia sintieron que su pasado había sido como un sueño. Al despertar, todo aquello había terminado. Ver a Alicia tan feliz hizo que Santino se alegrara sinceramente por ella.
Alicia también le ofreció sus mejores deseos.
—Santino, te deseo que todo te vaya increíble de aquí en adelante.
Santino le dio un abrazo cortés.
—¡Igual a ti!
En la boda, Nina se encontró con dos viejos conocidos: Liam y Cintia Aguilera.
Tras la graduación, cada uno había seguido su camino y, al moverse en círculos distintos, casi no se veían. Aunque Liam estudió Biociencias, terminó trabajando como oficinista en el Grupo Benítez por orden de su hermano. El negocio familiar era demasiado grande para que Santino lo manejara solo, así que el hermano menor tuvo que sacrificarse.
Cintia, por su parte, logró entrar al despacho de abogados que quería. Lo que sorprendió a Nina fue descubrir que esos dos estaban saliendo en secreto.
—¡Qué calladito se lo tenían! ¿Desde cuándo? No tenía ni idea.
Si no los hubiera visto juntos en la boda, Nina jamás se habría imaginado esa pareja.

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