Fernanda se levantó y dijo: "Acabas de decir que te equivocaste de auto, entonces ¿a qué auto pretendías cortarle los frenos?"
"Yo…"
Al ver que Ramón titubeaba sin hablar, Oriol deseaba poder darle una patada: "¡Cuando te hago una pregunta, responde!"
"Era el auto de mi madrastra, lo siento, no fue mi intención".
"Estás intentando cometer un asesinato, ¿lo sabes?"
"…No pensé llegar a tanto".
"Entonces, ¿nadie te instigó a actuar contra mí?"
Ramón negó rápidamente con la cabeza: "¡El auto dañado puedo pagarlo! ¡Lo que cueste!"
"Bien, entonces en unos días iré a cobrar ese dinero".
Al escuchar que Fernanda iría a cobrarle, Ramón se puso algo nervioso, pero al final accedió.
Luego, como si de pronto lo recordara, Fernanda preguntó: "Por cierto, ¿también fuiste tú quien dañó el tanque de gasolina? ¿Y pusiste el encendedor ahí?"
"…¡No fui yo!"
Viendo el estado de pánico de Ramón, Fernanda asintió y dijo: "No hay nada más, llévenselo".
"¡Espera!"
Oriol frunció el ceño y dijo: "Con lo difícil que fue atraparlo, ¿y lo vas a dejar ir? ¡Mi intuición me dice que este chico no ha dicho ni una sola verdad! ¡Debemos retenerlo! Si tú no puedes hacer que hable, ¡yo lo haré!"
"Soy la parte afectada, si digo que se vaya, se va".
Fernanda, dándole la espalda a Ramón, miró a Oriol.
Oriol conocía muy bien ese tipo de miradas calculadoras de Fernanda y al final solo pudo mantenerse serio y ordenar que llevaran a Ramón de vuelta.
Una vez que la gente se fue, Oriol, conteniendo su frustración, le dijo a Fernanda: "¡Ven aquí!"

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