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No Me Dejes, Aunque No Te Lo Mereces romance Capítulo 393

Por lo visto, en aquel entonces ella sí que terminó totalmente decepcionada de Ariel.

Él siempre lo había dicho: si no valoraba a Johana, algún día iba a arrepentirse.

Y al final, lo que hizo se le regresó como un boomerang. El destino le cobró la factura.

Respecto a si podrían volver a estar juntos, Raúl prefirió no opinar, ni siquiera intentó consolar a Ariel con ese tema. Sabía que no tenía sentido.

Durante esos años de matrimonio, Ariel se había encargado de cerrar todas las puertas.

Ante el consuelo de Raúl, Ariel no respondió. Pero su mente no paraba de darle vueltas a lo de hace tres años, recordando lo mal que había tratado a Johana, lo mucho que ella lo había querido, cada palabra escrita en su viejo diario.

Pasaron unos segundos en silencio. Ariel miró a Raúl y dijo:

—Ya es tarde, mejor vete a descansar.

Raúl, sin embargo, no se sintió del todo seguro y le preguntó:

—¿De verdad no quieres que me quede? ¿Vas a estar bien?

Ariel se rio, aunque en su rostro se notaba el cansancio.

—No estoy tan acabado como crees. Además, esto todavía no termina; ni siquiera sé si voy a perder contra Fermín.

Al escuchar eso, Raúl se tranquilizó.

—Bueno, si lo ves así, entonces me voy tranquilo.

Dicho esto, Raúl tomó su chamarra que había dejado en el sofá y salió del cuarto.

Cuando Raúl se fue, la habitación del hospital, que ya de por sí era silenciosa, cayó en un silencio aún más profundo.

Sentado solo en la cama, Ariel seguía sin poder dormir. Su cabeza estaba llena de pensamientos sobre Johana.

—Ariel, ya no tengo papá...

—Ariel, ¿puedo seguir siendo tu amiga, puedo seguir jugando contigo?

—Ariel...

Mientras más recordaba el pasado, mientras más pensaba en la dependencia que Johana había tenido de él y de la familia Paredes, y en todos los malentendidos que él había alimentado, su sentimiento de culpa se hacía más grande.

Se giró para mirar por la ventana. La luna lucía redonda en el cielo, tan luminosa como un plato de plata.

Por un momento, creyó ver el rostro de Johana reflejado en el cristal, pero supo que ya no había manera de regresar a como eran antes.

La noche anterior, ella había visto cómo Ariel estacionaba el carro en el lado del hotel.

Al notar su reacción, Marisela continuó:

—Anoche se fue a tomar con Raúl, y acabaron tan mal que a mi hermano le dio una hemorragia estomacal, encima le dio fiebre. El doctor dijo que tiene que quedarse en observación unos días y hacerse un chequeo completo.

Johana solo respondió con un:

—Ah.

Fuera de ese monosílabo, no dijo nada más. No mostró ninguna compasión ni opinión sobre la enfermedad de Ariel.

Ante la actitud distante de Johana, Marisela prosiguió:

—Joha, la verdad es que hay tantas cosas que no sé ni por dónde empezar. Es que veo a mi hermano y me da lástima, pero a la vez me dan ganas de estrangularlo.

Aunque dijo que no sabía cómo empezar, Marisela no se detuvo.

—Cuando mi hermano se casó con mi cuñada, él creía que ella no lo quería. Por eso la trató mal, se la pasaba fuera de casa, y la ignoró tanto que mi cuñada terminó con depresión, tan grave que hasta se enfermó físicamente.

—No sé qué pasaba por la cabeza de mi hermano. Si de verdad no la quería y tenía a otra, pudo haber aceptado el divorcio y así ambos serían libres. Pero no, no quiso divorciarse.

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