Entre él y Johana, la verdad, desde que la decepcionó una y otra vez, desde que la lastimó, ya no le quedaba ninguna oportunidad.
Ariel se quedó mirando a Fermín un buen rato, directo a los ojos, y con un tono cortante le preguntó:
—¿Desde cuándo sabías quién es en realidad Johana?
Fermín entendió perfectamente lo que Ariel estaba insinuando.
Ariel ya había descubierto la verdadera identidad de Johana. Si no se equivocaba, debía haber conseguido la prueba con una muestra de ADN de Johana.
De todos modos, si Frida era o no era Johana, eso ya no importaba tanto.
Sin mostrar ninguna emoción, Fermín respondió como si nada:
—Desde la primera vez que nos vimos, maestra Frida nunca me ocultó nada.
...
Ariel se quedó en silencio tras escuchar a Fermín.
Lo observó durante varios segundos, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, hasta que finalmente se giró para mirar hacia un costado.
Johana jamás había puesto barreras con Fermín. Desde su primer encuentro tras volver, no le ocultó quién era.
Ariel siguió callado. Fermín le puso la mano sobre el hombro y, masajeándolo suavemente, le dijo:
—Ariel, si ya tuviste la oportunidad, no te arrepientas. Al final, el desenlace de todo esto, la mitad al menos es tu responsabilidad.
Fermín había sido bastante considerado con sus palabras.
Ariel se giró y soltó una risa entre dientes, con un tono desdeñoso:
—Fermín, esto todavía no termina. Aquí nadie ha perdido ni ganado nada.
Fermín solo le dijo:
—Solo no la pongas en una situación difícil.
Ariel apartó la mano de Fermín sin mostrar ninguna emoción, luego se dio la vuelta, abrió la puerta del carro y subió. Puso el pie en el acelerador y se marchó del hotel.
Durante el trayecto, Ariel sentía una presión en el pecho que no lo dejaba en paz.
Quería platicar con Johana, disculparse, aclarar las cosas.
—Ariel, ¿qué te pasa?
Ariel negó con la cabeza apretando el estómago, como queriendo decir que no era nada.
Raúl, al verlo así, pisó el acelerador a fondo y lo llevó directo al hospital.
...
Mientras tanto, en la suite del hotel.
Johana ya había salido de bañarse y estaba lista para descansar.
Durante estos días, había pensado en ir al cementerio, quería visitar las tumbas de sus padres y abuelos, y también volver a la Mansión Herrera.
Pero, por estar tan pendiente de Ariel, aún no se atrevía a moverse demasiado.
Ahora que había terminado su trabajo, cerró la laptop, lista para dormir, cuando de pronto alguien llamó a la puerta de su habitación.
Era muy tarde para recibir visitas, además, Delfín estaba fuera de la ciudad esos días.
Pensando en eso, Johana levantó la mirada y fijó la vista en la puerta.

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