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No Me Dejes, Aunque No Te Lo Mereces romance Capítulo 386

Al encontrarse sus miradas, Johana Herrera mostró una expresión serena, tranquila como si nada la perturbara. Enseguida, apartó la vista con naturalidad.

Ahora, frente a Ariel Paredes, hacía mucho que Johana ya no dejaba que él alterara sus emociones.

En cuanto todos terminaron de revisar el contrato, miraron a su alrededor y luego a los representantes de la otra empresa.

—No hay ningún problema con el contrato —comentaron, casi al unísono.

Mientras decían esto, Ariel y Delfín Ramírez también terminaron de revisar los documentos. Ambos tomaron las plumas que tenían al lado y firmaron en el lugar que les correspondía.

Después, intercambiaron los contratos y firmaron la copia del otro.

Al finalizar el procedimiento, Delfín, visiblemente animado, se puso de pie, se acercó al lugar de Ariel y le extendió la mano.

—Señor Ariel, ha sido un gusto. Espero que esta colaboración sea todo un éxito y, sobre todo, le agradezco su apoyo con lo del desarrollo de Nexo Global —dijo Delfín.

Si Ariel no hubiera intervenido en el asunto, seguramente él y la gente de Nexo Global habrían tenido que gastar mucho más tiempo y esfuerzo.

Ariel le devolvió el apretón de manos con una sonrisa.

—No hay de qué, señor Delfín. Que la colaboración sea provechosa para ambos.

Delfín soltó una carcajada jovial.

—Señor Ariel, ese cambio de color en el cabello le dio otro aire, ahora se ve más entusiasta.

Antes de que Ariel pudiera contestar, Delfín agregó:

—He reservado una comida para los colegas de Nueva Miramar en el hotel, también para agradecer la hospitalidad de Grupo Nueva Miramar hacia Grupo Transcendencia.

—Perfecto, ahí estaremos en un rato —respondió Ariel, correspondiendo al gesto.

Después, ambos equipos conversaron un poco más en la sala de reuniones y luego subieron a sus carros para dirigirse al hotel.

Durante la firma y la plática con Delfín, Ariel no dejó de mirar de reojo a Johana. De vez en cuando, sus ojos se posaban en ella, aunque ese aire de distancia que ella mantenía siempre le dejaba una sensación extraña, como un vacío que no lograba llenar.

Era la prueba de ADN de Marisela Paredes.

Entre aquellos cabellos, uno de los resultados correspondía a Marisela.

Al leer el reporte, Ariel sintió cierto alivio, como si parte del peso que cargaba se desvaneciera por un momento.

Dejó el reporte de Marisela a un lado y tomó el otro sobre. Sin embargo, tras lo que acababa de leer, su ánimo se volvió aún más complicado, una mezcla de ansiedad e incertidumbre.

Se quedó mirando el nuevo sobre, sin moverse, como si el tiempo se detuviera en ese instante. Finalmente, decidió abrirlo.

Bajó la mirada y, concentrado en el documento, no parpadeó ni un segundo. Pasaron varios minutos en completo silencio. Poco a poco, sintió que los ojos se le humedecían.

Ariel no apartó la vista del informe. El silencio en el carro era casi asfixiante y, en ese instante, sintió como si el mundo se hubiera vuelto más pequeño, más pesado.

Giró el rostro hacia la ventana y observó el paisaje pasar, tratando de calmar la tormenta que hacía estragos en su interior.

Por dentro, la opresión y la angustia lo apretaban, como si nada pudiera aliviar la carga que llevaba encima.

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