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No Me Dejes, Aunque No Te Lo Mereces romance Capítulo 382

La confesión de Johana le dio justo en el corazón a Ariel.

Había considerado que si se le declaraba tan directo, Johana lo rechazaría, pero nunca imaginó que ella sería tan franca y lo dejaría fuera de inmediato.

Sin perder la calma, Ariel siguió caminando a su lado, luego se volvió hacia Johana y, con una sonrisa, soltó:

—Maestra Frida apenas lleva poco tiempo en Río Plata, puede darse la oportunidad de conocer mejor a las personas. Además, maestra Frida sigue soltera y ni siquiera tiene nada formal con el señor Fermín.

—Yo también tengo derecho a intentar conquistarla —agregó con seguridad—. Ya sabes lo que dicen: cuando en una familia hay una hija, no falta quien quiera cortejarla.

A las teorías de Ariel, Johana le respondió con voz tranquila:

—Se nota que usted, señor Ariel, sabe adaptarse a todo.

—Eso es solo por ti —contestó Ariel, sin perder la sonrisa.

Después de todo lo que había pensado últimamente, Ariel se dio cuenta de que ya no le importaba si Johana aceptaba o no su verdadero yo.

Lo que realmente importaba era aprovechar una nueva oportunidad, hablar con ella con el corazón en la mano y, si era posible, comenzar una historia juntos.

Quería cuidarla, de verdad.

Eso sí, cuando él mencionó que todo era por ella, Johana apenas se inmutó:

—Ya es tarde, tengo que regresar al hotel.

—Te acompaño —respondió Ariel, dispuesto a no alejarse.

Ambos caminaron hacia el estacionamiento y, durante el trayecto de regreso al hotel, Johana se volteó hacia la ventana, contemplando las luces de la ciudad. Permaneció callada, tan silenciosa que ni el sonido de su respiración se notaba.

Ese silencio tan denso hizo que Ariel no supiera qué decirle.

Hasta que, ya habiendo recorrido buena parte del camino, Ariel sujetó el volante con ambas manos, giró un poco el rostro y lanzó una pregunta con una sonrisa apacible:

—¿La maestra Frida tiene algo en contra mía?

Ella solo volteó y le respondió de manera educada:

—No, señor Ariel, usted se está haciendo ideas.

Apenas acabó de hablar, el ambiente volvió a llenarse de un silencio incómodo.

Johana volvió a mirar por la ventanilla.

—Maestra Frida, solo quiero tener la oportunidad de competir en igualdad de condiciones.

Johana lo miró de frente, sin apartar la mirada.

No le dio una respuesta inmediata, solo lo observó, como si buscara algo en su interior.

En ese instante, le vinieron a la mente muchos recuerdos: las veces que lo había llamado por teléfono y él siempre parecía fastidiado; las noches solitarias en la Casa de la Serenidad; los rumores sobre él; las veces que enfermó y tuvo que ir sola al hospital.

Pero también recordó cuando Ariel la rescató del incendio, o cuando él se preocupó tanto por ella estando enferma.

Tal vez, pensó, él sí la llegó a querer, aunque fuera solo un poco.

Mirándolo fijamente, viendo desfilar todas esas escenas del pasado, Johana se mantuvo serena:

—Señor Ariel, los sentimientos no son una competencia, ni un juego de estrategias. Lo que importa es la sinceridad y lo que uno siente de verdad.

—Así que, discúlpeme, señor Ariel, pero fuera de lo laboral, no quiero tener nada más con usted.

—Además, he escuchado algo de su historia. Usted se aferra demasiado al pasado, y alguien así me da miedo. No quiero ser el reemplazo de nadie.

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