Esa mujer horrible aseguraba estar gravemente herida y exigía un examen forense. Si los resultados mostraban lesiones serias...
Aunque él no tendría antecedentes penales por ser menor de 14 años, su nombre quedaría registrado en el sistema. ¿Le arruinaría eso sus posibilidades de ingresar a las fuerzas armadas en el futuro?
Con el corazón latiéndole a mil por hora, Emilio quiso consultarlo con Leonardo, pero el policía ya lo estaba apurando.
Leonardo, ajeno a los temores que atormentaban al niño, pensó que simplemente estaba asustado.
Le acarició la cabeza con suavidad y le dijo:
—Ve tranquilo. Di toda la verdad, no le tengas miedo a nadie. Tu tío te estará esperando aquí afuera.
Emilio asintió, pero al alejarse, no pudo evitar mirar atrás.
Después de todo, seguía siendo un niño.
—¡Camina de una vez!
Emilio fue empujado impacientemente por la espalda por el oficial.
Al ver aquello, Leonardo frunció el ceño y su voz resonó grave y amenazante:
—¡Un momento!
Se acercó a grandes zancadas, se plantó junto a Emilio y le pasó un brazo sobre los hombros, en un claro gesto protector.
—Le daré un consejo, oficial. Sea más amable con el niño. Sus padres fueron héroes caídos con los más altos honores; es un huérfano protegido por el Estado. Su nombre está registrado en el Alto Mando Militar. Si vuelve a mostrar esa impaciencia, si lo trata con brusquedad o si sufre algún tipo de trato injusto aquí adentro... créame que las fuerzas armadas no se quedarán de brazos cruzados.
—¿Y usted quién es? —preguntó el oficial enarcando una ceja.
Leonardo respondió con firmeza:
—Soy su tío.
Héctor Omar, dando un paso al frente, agregó:
—Mi capitán también es militar, con rango de teniente general. Por supuesto, no le decimos esto para exigir privilegios. Conocemos las reglas y la disciplina mejor que nadie. Solo exigimos un trato justo e imparcial.
La actitud del policía cambió drásticamente. Forzó una sonrisa conciliadora:
—Somos colegas, entonces. No se preocupen, actuaré apegado a la ley. No le haré la vida imposible a un niño.
Leonardo asintió y le dio una palmada en el hombro a Emilio.
—Ve con él.
En ese momento, los abogados del departamento legal del Grupo Rojas llegaron a la comisaría.
La policía había solicitado los videos de seguridad de la plaza comercial, pero solo consiguieron las grabaciones del exterior de la joyería. Extrañamente, las cámaras internas no estaban disponibles.
—¿No hay videos de adentro? —preguntó Leonardo.
El oficial encargado de recolectar la evidencia negó con la cabeza.



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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio