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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 791

—¡Nere! ¡Adivina a quién acabo de ver! ¡A Leonardo Rojas! ¡Leonardo está en Tailandia!

La voz de Emi estalló en los oídos de Nerea como un trueno.

Su mente zumbó por unos segundos, quedándose completamente en blanco.

Le tomó varios instantes reaccionar. Cuando por fin habló, lo hizo con cautela, temiendo haber escuchado mal y que todo fuera solo un sueño.

Al abrir la boca, su voz temblaba descontroladamente: —Emi, ¿qué... qué acabas de decir?

La voz de Emi subió de volumen, casi gritando, pero con una clara alegría en sus palabras: —¡Te digo que vi a Leonardo! ¡Está en Tailandia!

¡Emi estaba genuinamente feliz por su amiga!

Después de tanto tiempo, Nerea había encontrado a un buen hombre al que amaba; no podía esfumarse así como si nada.

—¿Tú... estás segura de que no te equivocaste? ¿De verdad es él?

Sin darse cuenta, las palmas de las manos de Nerea, aferradas al celular, estaban empapadas en sudor.

Esperaba la respuesta de su amiga con tanta tensión que hasta contuvo la respiración, escuchando únicamente el latido de su propio corazón retumbando en sus oídos.

—¡Es verdad! Yo también dudé al principio, así que grabé un video. Te lo mando ahora mismo.

Un segundo después, llegó el video de Emi.

Nerea se apresuró a abrirlo.

Al reproducirlo, la imagen temblaba y se veía borrosa.

Gritos ensordecedores y frenéticos inundaron sus oídos.

—¡¿Qué esperas para defenderte, cabrón?! ¡Pégale! ¡Mátalo!

—¡Dale! ¡Idiota! ¡¿No comiste?! ¡Golpéalo, rómpele la cara!

Nerea apagó el video de inmediato.

No podía permitir que Sofi, que estaba a su lado, escuchara todo eso.

La pequeña Sofi la miró confundida: —¿Mamá?

Nerea le alcanzó un juguete. —Sofi, mi amor, juega solita un ratito, ¿sí?

Sofi asintió obediente.

Nerea se puso los auriculares y volvió a reproducir el video.

La imagen tembló un poco más antes de estabilizarse. El lugar era un caos, parecía ser un club de peleas clandestinas.

Sofi no entendía de qué hablaban, solo sabía que su mamá estaba llorando.

Así que ella también hizo un puchero, a punto de llorar: —Mamá.

Nerea miró a Sofi con una sonrisa y la abrazó con fuerza. —Mamá está bien, solo estoy demasiado feliz. Lloro de felicidad. Gracias, mi niña hermosa, por secarme las lágrimas. Ya, mi amor, no llores.

Nerea le limpió las lagrimitas y luego volvió a marcarle a Emi.

Emi contestó la llamada, pero había tanto ruido de fondo que tenía que gritar para hacerse escuchar.

Solo la oyó vociferar: —¡Amiga, voy... voy a buscarlo tras bambalinas! ¡Hay demasiada gente, llevo un rato empujando y no logro avanzar! ¡Te... te llamo en un rato!

—Sí, sí. ¡Ten mucho cuidado!

Nerea colgó y esperó con el corazón en un puño.

Por otro lado, en Tailandia.

El hecho de que Emi descubriera a Leonardo fue pura casualidad.

Había viajado junto con su jefe, David Aranda, para resolver un caso para un rico empresario.

El caso se había resuelto de maravilla, y el cliente, feliz y agradecido, los había invitado a un espectáculo muy famoso en la zona.

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