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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 789

—¿Y papá? ¿También tendré dos papás? —Sofi miraba a Nerea con pura inocencia.

Nerea pensó en Leonardo Rojas, de quien aún no tenía noticias. Guardó silencio unos segundos, pero se recompuso rápidamente.

La falta de noticias era una buena noticia.

Sonrió y le respondió: —Así es, también tendrás dos papás. Entonces, ¿quieres que sea tu mamá?

Sofi asintió, radiante de felicidad: —¡Sí! Mamá tiene que quedarse siempre conmigo, no te puedes ir, ¿eh? Sofi será muy buena, te haré caso en todo y te ayudaré con las tareas.

—Muy bien, mi pequeña es la niña más buena y obediente de todo el mundo.

Después del desayuno, una enfermera vino a revisar a Sofi.

La niña tenía buena salud y defensas fuertes. La fiebre le bajó en una sola noche y su cuerpecito ya estaba casi totalmente recuperado.

Nerea tomó el peine que había comprado Héctor Omar y comenzó a peinar a Sofi.

Como nunca había criado a una niña, no sabía cómo hacerle trenzas bonitas.

Así que buscó rápidamente un video tutorial en su celular para aprender.

Sofi sostenía un espejito en sus manos, mirando el reflejo de su nueva mamá con los ojitos brillantes, rebosantes de alegría.

Ya tenía mamá, y le estaba haciendo unas trenzas preciosas.

Nerea la miró sonriente: —¿Por qué me miras tanto a mí? Mira las trenzas que te hizo mamá, ¿te gustan?

Sofi siguió enfocando el espejito hacia Nerea: —Son muy bonitas. Las trenzas que hace mamá son las más hermosas.

El corazón de Nerea se derritió de ternura. —Mi Sofi es la más hermosa de todas, mira esto.

Nerea le sostuvo la manita para bajar el espejo.

Héctor Omar había comprado un montón de ligas de colores, y puestas en el cabello de la niña, la hacían lucir adorable y preciosa.

Alrededor de las diez de la mañana, alguien de las autoridades se comunicó con Nerea.

Nerea quería adoptar a Sofía Vargas, y su historial y antecedentes eran intachables.

Sin embargo, el comando militar aún necesitaba hacerle unas preguntas a la propia Sofía.

Al fin y al cabo, era huérfana de un mártir caído, y acababan de lidiar con todo el desastre que provocó Hugo Vargas.

Héctor Omar miró a Sofi, que jugaba distraídamente con un cubo de Rubik, y preguntó: —Nerea, ¿piensas llevarte a Sofi contigo o prefieres que la envíe primero a casa?

Nerea también la miró, con los ojos llenos de afecto. —Me la llevaré conmigo. Las niñas son sensibles y detallistas; tengo miedo de que llore y piense que ya no la quiero. Además, puedo aprovechar para enseñarle diferentes lugares.

Héctor Omar asintió. —Me parece bien.

En ese momento, Sofi se acercó a Nerea con el cubo en las manos y le preguntó: —Mamá, ¿cómo se juega esto?

Nerea le explicó las reglas, pero siendo una niña de apenas cuatro años, obviamente no lograba armar todos los colores de cada cara, lo cual la frustró un poco.

—Mamá, ¿me puedes enseñar? —Sofi tenía los ojitos brillantes y miraba a Nerea llena de expectativas.

La verdad era que Nerea tampoco sabía cómo armarlo.

Pero recordó que su hijo mayor era un experto.

Así que Nerea contactó a Ulises Vega.

Ulises había sido reclutado por el gobierno para un entrenamiento secreto. Para hablar con él, la única forma era a través de la maestra encargada de cuidarlo.

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