Entrar Via

Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 756

Si no hubiera sido tan ingenuo, ni su padre ni su tío estarían siendo interrogados por las autoridades.

Las palabras de Yolanda solo hicieron que la culpa lo devorara por dentro.

—Un poco tarde para disculpas, ¿no crees? —le respondió Yolanda. Le vinieron a la mente aquellos días en los que su propio hijo defendía a Valentina a capa y espada, llamándola "mujer mala".

Por muy fuerte que fuera, aquellos recuerdos seguían doliéndole.

Al fin y al cabo, ella había criado a Moisés en sus primeros años.

De no ser por la insoportable actitud de la abuela, que se metía en todo y la presionaba día y noche para que tuviera más hijos, ella nunca habría abandonado su hogar.

Pero a pesar de todo, aguantó hasta que el niño entró al kínder antes de volver a su carrera profesional.

Incluso trabajando a un ritmo frenético, nunca dejó de llamarlo a diario.

Cuando viajaba al extranjero, ponía la alarma a la mitad de la noche para coincidir con la diferencia horaria y poder escuchar su voz.

Lo hacía porque era su hijo menor.

¿Y qué recibió a cambio? Cuando volvía en Navidad, su propio hijo le gritaba que era una bruja y que se largara de su casa.

Después de una buena reprimenda, el niño dejó de llamarla "mamá" por un largo tiempo.

Al crecer, aunque Moisés volvió a tratarla con respeto, la conexión y el cariño de la infancia jamás regresaron.

Yolanda era una mujer pragmática. Si no quería llamarla mamá, pues que no lo hiciera. Hizo de cuenta que ese hijo no existía.

De todas formas, tenía otros dos hijos mayores; la dinastía estaba asegurada.

Y si nos ponemos fatalistas, aunque los tres le dieran la espalda, le daba igual.

Tenía su propia fortuna.

En el futuro, pagaría por robots de asistencia para que la cuidaran en su vejez.

Con la programación adecuada, los robots la tratarían como a una reina y, lo más importante, jamás la traicionarían ni le romperían el corazón.

Mil veces más confiables que un hijo malagradecido.

Yolanda decidió ignorar a Moisés y vivir la vida a su manera.

En esta vida, uno tiene que ponerse como prioridad. Primero uno, luego los demás; y los hijos no eran la excepción.

Nerea la observaba con admiración. Cada vez le caía mejor esa mujer; tenía una filosofía de vida fascinante.

Moisés la miró, sin entender.

—Fue por culpa de tu adorada abuelita. Controladora, metiche y venenosa. Acababa de parirte, mi cuerpo ni siquiera se había recuperado y, en vez de preguntarme cómo me sentía, lo único que hacía era exigirme otro embarazo. ¿Qué soy, una vaca de cría? ¿La fábrica de bebés de la familia Encinas? Da gracias a que no me dio depresión posparto y me tiré de un balcón contigo en brazos.

Moisés abrió los ojos de par en par, petrificado.

—Si no fuera por ella, jamás los habría dejado para irme a trabajar. ¿Crees que soy un monstruo sin corazón que abandona a sus hijos por gusto?

Moisés agachó la cabeza, sintiendo que la cara le ardía de vergüenza.

—Perdóname, mamá.

—No te digo esto para que te disculpes —respondió Yolanda con voz firme—. Solo que hay cosas que ahogan si no se dicen, y ahora que las dije, me siento mucho mejor.

Terminando el desayuno, el grupo fue a la habitación del viejo Encinas.

Nerea debía aplicarle su sesión de acupuntura. Era el tercer día del tratamiento; aún faltaban cuatro más.

Al terminar, Yolanda charló un rato con el anciano y luego se dispuso a ir al hospital.

Nerea también fue, pero su destino no era la habitación de la abuela Encinas...

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio