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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 746

Valentina pensó en su situación dentro de la familia Encinas.

Felipe ya había hablado con ella; iban a sacarla del testamento familiar y le advirtió que dejara de causar problemas.

Si se portaba bien, la familia le buscaría un buen partido para casarla.

Viviría tranquila, sin pasar carencias. De eso no había duda.

Pero ella no quería conformarse con «no pasar carencias».

¡Quería brillar!

Antes de que llegara Nerea, ella era la consentida, la intocable y respetada Valentina de los Encinas.

Su destino era casarse con algún hombre poderoso de Puerto Rosales.

Si no era Kevin, sería algún otro heredero.

Pero ahora, Felipe quería mandarla a vivir al sur del país.

¡A quién le importaba el sur!

Valentina apretó los dientes, llena de coraje.

—Muy bien, ya verán —murmuró.

Se cambió de ropa y se coló a escondidas en el despacho de Alexander...

***

En el hospital, habitación de la abuela Encinas.

Los tres hermanos acompañaron a su madre a hacerse unos estudios. Al saber que estaba fuera de peligro, se quitaron un peso de encima y se sentaron en los sillones.

Alexander le dio unas palmadas en el hombro a Álvaro, aún asustado.

—Menos mal que revisaste las cámaras.

Felipe asintió.

—Pensé que estabas peleado con mamá y que ya no te importaba. No me imaginé que checabas las cámaras de su cuarto a escondidas.

Los sentimientos de Álvaro hacia su madre eran complicados.

Sí le guardaba rencor, eso era verdad.

Pero verla humillada de esa manera le hervía la sangre.

Álvaro negó con la cabeza.

—No fui yo. Nerea estaba checando las cámaras y se dio cuenta.

—¿Nerea? —Alexander y Felipe lo miraron sorprendidos.

En la familia siempre les habían enseñado que los despachos de los adultos eran privados. Nadie podía entrar sin permiso.

Sobre todo al de Alexander.

Por su alto cargo en el gobierno, manejaba documentos confidenciales.

Moisés la miró con desconfianza.

—¿Qué hacías en el despacho de mi tío?

Valentina levantó el llavero de su celular.

—Se me cayó el regalito que me diste y no lo encontraba por ningún lado. Me acabo de acordar que en la noche le llevé un café a mi tío y pensé que se me pudo haber caído ahí. Entré a buscarlo y, ¡qué suerte!, sí estaba en su oficina.

Moisés miró el llavero y recordó el día que se lo regaló.

Al final de cuentas, habían crecido juntos como hermanos.

Cualquier duda que tuviera se le borró de la cabeza al instante.

Tras engañarlo, Valentina regresó a su cuarto con el corazón en la garganta.

Sacó rápidamente sus documentos importantes y los metió en una bolsa.

Luego, esquivando a todo el mundo, bajó a la cochera, se subió a su carro y arrancó a toda prisa, alejándose de la mansión...

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