Omar dijo:
—Ustedes solo quieren que tenga un hijo con esa mujer.
—No crean que es algo sencillo.
—Según lo que dicen de allá, esa mujer es muy testaruda.
—No importa quién se le acerque, incluso si los efectos de la droga hacen efecto, prefiere morirse antes que dejar que alguien se le acerque.
—Si no, ¿creen que los de allá cederían la oportunidad?
—Claro que mandarían a su propio hijo.
Gracia sintió un dolor en el pecho.
Pensó que esa chica también era digna de lástima.
Al volver a la habitación, Gracia le preguntó a Omar sobre ella.
Omar dijo:
—¿Te preocupa mi compromiso con ella?
—Solo no quiero verme obligada a ser la amante.
—¿Y qué tiene de malo ser una amante?
—Las identidades no son más que cadenas innecesarias.
Gracia soltó una risa fría:
—Para ti, claro que no importa.
—Porque nadie se atreve a hablar mal de ti en tu cara.
Omar sonrió con suavidad:
—¿Acaso alguien ha estado diciendo tonterías delante de ti? ¿Quién?
Gracia estaba asustada por sus palabras y bajó la cabeza:
—Nadie.
Omar le levantó la barbilla:
—Gracia, siempre eres tan blanda.
—De pequeña eras así, y ahora también.
—Pero parece que conmigo nunca eres blanda.
Gracia, como si hubiera oído un chiste, dijo:
—¿Y hay algo en ti que merezca que sea blanda?
Omar deslizó la mano hasta su mejilla y la acarició.
Sonrió con ternura:
—No.
Gracia dejó de preguntar sobre aquella chica y dijo:
—La escuela organizó una excursión, voy a salir unos días.
—Justo la semana que viene tengo que viajar al extranjero, puedes ir. —dijo Omar.
Gracia se quedó paralizada un instante.
Sintió que el destino, por fin, se apiadaba de ella y le daba una oportunidad.
Normalmente, Omar no le permitía salir.
Además, incluso durante las clases, Gracia tenía que responderle los mensajes en todo momento.

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