La persona que le preguntó a Laura por qué no había venido su esposo recibió un codazo del que estaba a su lado.
—Oí que tiene una relación especial con Leo, no sigas preguntando.
El ambiente se volvió tenso.
Todos intercambiaron miradas en silencio.
—Podemos empezar a cenar —dijo Romeo, cambiando de tema.
Laura estaba a punto de sentarse junto a Leo, cuando alguien la llamó:
—Laura, ven a sentarte conmigo.
Vio a Pamela, impecablemente arreglada, mirándola con una sonrisa fija.
Laura se quedó rígida.
Se le había olvidado que esta mujer estaría aquí.
Ella también había sufrido el acoso de Pamela en el pasado.
Pero luego Carlos la protegió, y Pamela no se atrevió a meterse con ella.
Y Pamela sabía que Valeria había ido al hospital a cuidar a Carlos.
En el diario de Valeria estaba escrito que Pamela la había visto allí.
Y Pamela se burló de ella:
—¿Todavía sueñas con que Carlos despierte y se enamore de ti? Qué ridículo.
—Hasta sus padres lo abandonaron, ¿crees que va a despertar?
Pero Pamela no sabía que Carlos protegía a Laura porque ella se había atribuido el mérito de haberlo cuidado.
Laura dudó unos segundos y luego se sentó con ella.
Debía tener cuidado con Pamela y evitar que revelara lo que pasó en aquellos años.
Pamela le acarició la mejilla y le dijo sonriendo:
—Parece que eres muy feliz, me alegro por ti, amiga mía.
Laura mantuvo la sonrisa a duras penas y respondió:
—Tú también estás bien, ¿no?
—Claro.
—A partir de ahora tenemos que mantenernos en contacto.
Pamela la soltó, apoyó los codos en la mesa y siguió sonriendo.
Su sonrisa era radiante, pero sus ojos tenían un brillo helado que daba miedo.
—Claro —asintió Laura.
Se dio cuenta de que frente a Pamela todavía sentía esa timidez de la época de estudiante.
Le molestó.
Ya no era la misma de antes.
Aunque Pamela destapara la verdad, todavía tenía a Leo.
Leo aceptaría todo de ella, incluso su lado oscuro.
Así que enderezó la espalda.

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