Catalina apretó los labios.
Vanesa, con cara de disculpa, puso el celular en altavoz.
La voz autoritaria de doña Carla sonó desde el aparato:
—Catalina, en la comida estabas bien, ¿y en privado te comportas como una arpía con Vani?
Catalina soltó una risa fría:
—Sí, soy una arpía.
Doña Carla se enfadó:
—¡No te metas con Vani! Puedes ser una arpía, ¡pero no la molestes!
Catalina rio:
—Tu preciosa Vani fue quien vino a buscarme a mí.
—No tengo tiempo que perder con ella.
Y colgó.
Miró a Vanesa con una sonrisa helada:
—Tus trucos no han cambiado nada, sigues manteniendo tu personaje.
Vanesa sonrió con sutileza:
—No sé de qué hablas.
Guardó el celular en el bolso:
—Mi asistente se pondrá en contacto contigo para resolver esto.
Ya había conseguido lo que quería, no necesitaba quedarse.
Vanesa sabía que uno de los obstáculos para el divorcio de Catalina y Leo era doña Carla.
Aunque al principio ella no había aprobado el matrimonio, era una persona tradicional y le importaba que el divorcio afectara la reputación de Leo.
Además, Catalina había desempeñado bien su papel como Sra. Cantú en estos años.
Salvo pequeños defectos, no se le podía reprochar nada.
Tenía que destruir la posición de Catalina en el corazón de doña Carla.
Catalina la bloqueó:
—¿Acaso dije que aceptaba un trato privado? Ya llamé a la policía.
Aunque se causara problemas a sí misma, haría que Vanesa también los tuviera.
Vanesa se detuvo y la miró:
—Creía que habías madurado, parece que no.
Asintió:
—Bien, pues llama a la policía, esperaré.
Noelia ya había llamado.
Vanesa miró a Catalina:
—Catalina, ¿cuánto sabes de Laura?
Catalina la miró y sonrió:
—Sé bastante, ¿quieres saber algo de ella?
Vanesa asintió.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi ex esposo no me suelta