Los tres entraron al ascensor.
Catalina marcó el número de Noelia, pero nadie contestó.
Al oír que Vanesa seguía hablando, respondió con impaciencia:
—Yo no voy.
En cuanto se abrieron las puertas del ascensor, Catalina salió y fue directa a su auto.
Vanesa miró a Leo:
—¿Qué le pasa a Catalina? ¿Acaso la molesté en algo?
Leo la siguió y respondió con tono indiferente:
—Hablas demasiado, la molestaste.
Vanesa dio un paso adelante para bloquearle el paso y frunció el ceño:
—¿Yo hablo mucho? ¿En serio?
Leo retrocedió un paso y la miró fijamente con sus ojos profundos:
—Quiero estar a solas con mi esposa. Ve a divertirte con Polo y los demás.
Vanesa se quedó tiesa:
—Pero escuché que tú y Catalina se van a divorciar.
Leo frunció el ceño, pero no respondió.
Vanesa entendió su silencio como una confirmación.
La alegría le brotó por dentro:
—Entonces no me equivoqué.
Pero Leo la rodeó y siguió adelante.
Catalina ya estaba en el auto.
Leo intentó abrir la puerta del copiloto, pero estaba cerrada.
Golpeó la ventanilla.
Catalina hizo oídos sordos y arrancó.
Al segundo siguiente, Leo se plantó frente al auto.
Catalina pisó el freno y bajó la ventanilla:
—¿Estás loco?
Vanesa se sobresaltó.
Catalina no iba precisamente despacio.
Sin decir palabra, Leo rodeó el auto, abrió la puerta y se sentó en el asiento del copiloto.
Vanesa se quedó sola, estaba apartada.
Pero no le importó.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi ex esposo no me suelta