—¿Tú qué sabes? ¡Leo ya está casado! ¡Esta es tu oportunidad!
—Mamá, ¿y tú crees que Vanesa vuelve así porque sí?
—Vuelve porque Leo y Catalina se van a divorciar.
Fiona se quedó tiesa:
—¿Qué dices? ¿Por qué yo no sé nada?
—Lo creas o no, es cierto. Vanesa vuelve por Leo.
Fiona montó en cólera:
—¿Pero qué se ha creído? ¿Prefiere casarse con un hombre divorciado?
Respiraba con dificultad:
—Leo solo es más guapo que tú y un poco más capaz.
—Ya estuvo casado, y ella aún lo quiere. ¡Sinvergüenza, no tiene visión!
Felipe se quedó callado un momento:
—Mamá, si no tienes nada más, cuelgo.
—¡Escúchame bien! Tienes que conseguir a Vanesa.
—Si te casas con ella, ganarás mucho.
—Al menos dejarás de vivir bajo la sombra de Leo.
—Vanesa ya tiene a alguien en quien piensa. ¿Acaso voy a hechizarla?
—Déjalo ya, termino esto y me voy a casa.
—Tú te matas trabajando horas extra todos los días, y él vive a todo lujo, con tiempo hasta para buscar amantes.
—Todo porque te endosa el trabajo sucio, ¿no tienes dignidad?
La voz de Fiona era firme:
—Tranquilo, Leo no va a divorciarse.
—Mientras no lo haga, tú tienes oportunidad.
—Mamá, ¿qué quieres hacer? No hagas tonterías.
—Oye, déjame a mí, me encargo.
Fiona colgó.
En sus ojos brilló un destello de determinación.
La vuelta de Vanesa era una oportunidad que el destino ponía en sus manos.
No iba a dejarla escapar.
Vanesa gozaba de una reputación impecable en la alta sociedad.
Era la clase de mujer que todas las familias ricas deseaban para sus hijos.

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