—¿Eres familiar o no? —preguntó la enfermera por segunda vez.
En ese momento, Yolanda dio un paso al frente.
Miró a Leo:
—¿Qué pasa? ¿Tienes valor para hacerlo, pero no para reconocerlo?
Leo lanzó una mirada rápida a Catalina.
La intención en sus ojos era clara:
"¿Qué le contaste a tu abuela?"
Catalina fingió no verlo y solo sonrió:
—Ve a atender a tu familiar.
Leo frunció el ceño y su tono se volvió grave:
—No soy su familiar.
La enfermera se quedó desconcertada:
—Entonces solo tenía que decirlo. ¿Por qué se quedó callado hace un momento?
La enfermera notó que la tensión entre ellos era extraña.
—Esto es un hospital, no griten —dijo, y se fue.
Entonces Laura miró a Leo:
—Todavía tengo fiebre.
Leo no desvió la mirada hacia ella:
—Que Polo te lleve a revisarte, tengo algo que atender.
Laura contuvo la molestia unos segundos:
—¿Lo que tienes que atender es acompañar a Catalina a ver a su abuela?
—No solo eso.
Su mirada se posó con pesadez en Yolanda.
La empujó hacia la habitación y cerró la puerta.
Catalina tocó la puerta:
—¿Qué haces?
—Tengo que hablar algunas cosas con tu abuela.
—Tranquila, no voy a hacer nada —la voz de Leo sonó apagada desde adentro.
Catalina no se quedó tranquila.
Miró la habitación y giró para buscar a un doctor que abriera la puerta.
Afuera solo quedaban Polo y Laura.
Polo la miró:
—Laura, ve al doctor primero, espero a que el asistente traiga la ropa.
Pero Laura mantenía la mirada fija en la puerta cerrada:
—Leo ha estado actuando raro últimamente.
Polo respondió sin darle importancia:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi ex esposo no me suelta